China ‘gamifica’ su conducta social y ciudadana

Gigantes empresariales y tecnológicos chinos colaboran de facto con las maquinarias gubernamentales para ‘gamificar’ la relaciones de los ciudadanos entre sí y con el Estado.

Calle de la ciudad de Chongqing, en China, que tiene señalizados carriles exclusivos para viandantes usuarios de Smartphones.

De la importancia de la gamificación para el mundo digital en que vivimos ya se hico eco el prestigioso profesor del MIT, ahora en la Universidad de California LA, Henry Jenkins en su libro en su libro Fans, Bloggers, and Gamers: Media Consumers in a Digital Age [ http://bit.ly/2iXi1Be ] , en la que exploraba la ‘cultura de la participación’ que se ha vuelto esencial en la sociedad hiperconectada en que vivimos. Este tipo de cultura asume como inevitable la no-separación entre trabajo y ocio; entre vida profesional y vida personal. Los instrumentos con conexión ubicua combinando Internet y la infraestructura de telefonía móvil, nos conectan a todos desde cualquier momento y en cualquier lugar. Eso significa que de facto se ha eliminado en nuestras vidas las separaciones y barreras de horarios y lugares que regían nuestras vidas, y los distintos fragmentos de tiempo que dedicábamos a actividades profesionales, públicas, personal o de relación social que ya no dependen ni ubicaciones exclusivas ni de horarios pre-determinados. En la interacción humana, ahora, todo es invadido por todo, con los cambios vitales y de interacción social que ello representa. Este es el nuevo escenario que nos toca vivir a todos casi sin excepción.

Según todos los datos, la administración gubernamental china ha aprovechado como prueba piloto de su estrategia de ‘gamificación’ social a gran escala el «Sesame Credit» [ http://bit.ly/2fQVncL ] , un sistema de puntación (score) con propósito en origen ‘comercial’ relacionado con premios o incentivos. Si bien nació en empresas chinas como una herramienta de calificación crediticia y fidelización basada en métricas sociales, está sirviendo ahora, al tiempo, para otros fines bien distintos. Susscore o ‘cualificaciones’ combinan evaluación de capacidad de acciones de compra o actividad en redes sociales, con ‘niveles de puntuación’ en conducta ciudadana relacionada con la administración pública china. La valoración ‘política’ se integra con la comercial, profesional o sociales en el ámbito chino de esta ‘gamificación’. Algo extraordinario nunca combinado antes por ningún gobierno ni país en el mundo.

La ciudadanía china ‘gamificada’

La gamificación en un fenómeno propio de los nuevos escenarios afectados por la citada comunicación ubicua. Hasta ahora, la gamificación era un asunto relacionado con la actividad individual, promovida, bien por la industria de ciberjuegos, o bien de aplicación en ámbitos concretos de servicios o actividad comercial o de negocios. Sin embargo, por sorpresa, el gobierno de China está cambiando la magnitud y escala de lo que entendíamos por ‘gamificación’, poniéndolo en marcha a gran escala sin hacer demasiado ‘ruido’ mediático, en una iniciativa son precedentes conocidos. Se trata de un mecanismo de mediación en la relación entre los ciudadanos con el Estado chino, con la colaboración y los gigantescos medios de las empresas tecnológicas más grandes de China y también de los gigantes de la galaxia china de Internet en una escala nunca vista antes.

Todo ello es posible hoy legalmente en China. Las posibles amenazas del terrorismo a la seguridad y estabilidad del país en un pretexto obvio y suficiente. Tanto la Ley de seguridad nacional como la nueva Ley de ciberseguridad chinas dan cobertura legal al acceso completo a casi todos los datos personales, cosa imposible por ejemplo en Europa, con nuestras actuales leyes de protección de datos. The Economist aseguraba en diciembre, -citando al Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos-, que grandes empresas chinas «como Alibaba, Baidu y Tencent (que gestiona una enormemente popular aplicación de mensajería social), rutinariamente, obedecen las demandas gubernamentales de datos» [ http://econ.st/2hAE8tu ].

La administración gubernamental china ha creado como centro de su estrategia de ‘gamificación’ social a gran escala el «Sesame Credit», un sistema de puntación relacionada con premios o incentivos, que si bien nació como una herramienta de iniciativa de calificación crediticia y fidelización basada en métricas sociales, [ http://bit.ly/2fQVncL ] , dio un paso más, integrando, lo que de hecho son ‘reprobaciones’ de la conducta ciudadana tanto en relación con la administración pública china como también en la relación con las actividades comerciales, profesional y sociales en el ámbito de china. Aunque todo el sistema de ‘gamificación’ funciona virtualmente con instrumentos digitales, va a tener efectos en la vida real y el mundo físico en que viven los ciudadanos chinos. Algo extraordinario que no había aplicado hasta ahora ningún gobierno ni país en el mundo. La BBC informó ya en octubre de 2015 año en un tono de noticia exótica [ http://bbc.in/1KCX28h ] que el gobierno chino estaba ensayando (con la colaboración de ocho compañías chinas, que las empresas emitieran sus propias calificaciones de «crédito social» en proyectos piloto aprobados por el estado chino). El propósito era llegar a construir un sistema de «crédito social» y, al tiempo, comercial para calificar indirectamente, compartiendo los mismos ‘Big data’, la reputación gubernamental de cada ciudadano. Sin embargo la magnitud con que se está abordando ahora está generando ya un cierto desasosiego entra los observadores de la actividad pública, comercial o privada global, ya que se ha sabido que tras una etapa de desarrollo y prueba, al parecer, el gobierno chino tiene la intención de asignar una calificación de «crédito social», -con estos matices-, que será obligatoria en 2020 para todos los ciudadanos chinos.

Usuarias de smartphone en el metro de Shangai.

Por su parte la BBC informó ya en octubre de 2015 [ http://bbc.in/1KCX28h ] que el gobierno chino estaba ensayando, (con la colaboración de ocho compañías chinas), que las empresas emitieran sus propias calificaciones de «crédito social» pero unidas a proyectos piloto aprobados por el estado chino. El propósito era llegar a construir un sistema de «crédito social» y, al tiempo comercial, para calificar indirectamente, compartiendo los mismos ‘Big data’, la reputación desde el punto de vista comercial y/o ‘gubernamental’, de cada ciudadano. En la práctica, la puntuación o ‘score’, -en el más puro estilo de los ciberjuegos digitales-, que el ‘Sesame Credit’ otorga a cada usuario, es alimentada en tiempo real, por la huella digital que cada ciudadano, chino o no, va sembrando en la red con sus actividades electrónicas como usuario conectado al ámbito chino de internet, combinado su navegación social como cibernauta con sus acciones de comercio electrónico. Al parecer, dada la variación instantánea de su ‘score’, el sistema de crédito social gubernamental chino se alimenta con los datos de dicha actividad o huella digital en tiempo real. La magnitud con que se está abordando todo ello ahora está generando un cierto desasosiego entre los observadores de la actividad pública, comercial o privada global, ya que se ha sabido que tras una etapa de desarrollo y prueba, la maquinaria gubernamental china tiene la intención de asignar una calificación de «crédito social», -con los matices citados-, y hacerla obligatoria en 2020 para todos los ciudadanos chinos.

En octubre el año pasado la Fundación Americana de la Unión de las Libertades Civiles (ACLU), de EE.UU. publicó un informe manifestando su alarma de que el sistema de puntuación de calificaciones gubernamentales a los ciudadanos de China eran una advertencia muy seria para los ciudadanos estadounidenses [ http://bit.ly/1PgXjUT ] . La razón es obvia: vivimos en un mundo global interconectado en tiempo real y los usuarios del resto el mundo que realizaran compras o interacción conectada con el internet chino también iba a ser monitorizados y calificados igualmente, sin respetar en modo alguno su privacidad y sin que cuenten para ello las leyes sobre protección de datos de EE.UU. o de Europa, por ejemplo. Y lo mismo podría ocurrir con las empresas ya que los datos comerciales empresariales de las transacciones que alimentan el ‘score’ de puntación de cada ciudadano, podrían usarse obviamente para que las empresas sean ‘calificadas’ de mejor o peor, según sea su comportamiento a criterio de los baremos de organismos oficiales chinos.

Una idea inquietante que subyace en todo ello es que, -tal como afirmó el columnista Samuel Osborne del diario The Independent-, «China ha hecho de la ‘obediencia al estado’ un juego», con un sistema de recompensas y de reprobaciones que otorga una puntuación a cada ciudadano. Una puntuación con repercusiones no solo en el ámbito virtual, sino tambien en las acciones económicas de cada ciudadano chino en su vida real. Conectar directamente consumo y comercio con conducta ciudadana y política, es para la ACLU «una erosión a la libertad individual» y, probablemente, también para la libertad empresarial en el mercado abierto global.

Cómo funciona la puntuación (score) del Sesame Credit chino.

La puntuación o ‘score’ en el más puro estilo de los ciberjuegos digitales, que el ‘Sesame Credit’ otorga a cada ciudadano es alimentado por la huella digital que cada ciudadano chino va dejando con sus actividades electrónicas como usuario conectado al ámbito chino de internet, combinado su navegación como cibernauta con sus acciones de comercio electrónico. El sistema de crédito social gubernamental chino se alimenta con los datos de dicha actividad o huella digital ya que Sesame Credit extrae datos en tiempo real de la actividad de los usuarios chinos de redes sociales y de su historial de compras on-line.

Interfaces del sistema de calificación individual de Sesame Credit.

Qué se ‘incentiva’ y qué se ‘reprueba’.

Algunos ejemplos concretos de cómo Sesame Credit ‘mueve’ la puntuación oscore de sus compradores y usuarios: si compras productos como calzado de trabajo o productos agrícolas locales, tu puntuación sube; si compartes un enlace de medios de noticias patrocinados por el Estado que describan lo bien que lo está haciendo China en la economía, tu también puntuación sube; igual que si compras la compra de comida local y re-envías noticias ‘felices’. Pero si importas ciertos productos de Japón, tu puntación baja. O sí apoyas en medio sociales publicaciones de imágenes, por ejemplo, de la plaza de Tiananmen, o compartes un link relacionado con la recesión económica, serás ‘castigado’ con una disminución de puntuación o score individual. Y si tienes en tu círculo de amigos de tu red social alguien que se muestre en sus `post’, crítico con el gobierno; en ese caso, tu score se va a resentir. Además, esta mayor o menor puntuación tiene consecuencias en la vida real en China. Por ejemplo, si tuscore es alto, te hará más fácil obtener el papeleo que necesitas para viajar, o te dará más facilidades para obtener un préstamo personal. El crédito social prima y premia que tu conducta en redes sociales y tus transacciones on-line estén alineadas con lo que los criterios gubernamentales consideran ‘correcto’. Tu interacción en redes sociales es analizada automáticamente por algoritmos de inteligencia artificial ymachine learning que, -otro ejemplo-, te hace perder puntos por tener ‘amigos’ cuyas bajas puntuaciones, a su vez sean consecuencia de una cierta ‘conducta incorrecta’.

Ejecutiva de empresa trabajando en la calle con su smartphone. Foto: Adolfo Plasencia

Las empresas de la ‘gamificación’ de la sociedad china.

Obviamente, la estructura gubernamental china, a pesar de su tamaño no posee la masa crítica de tecnología punta de internet para llevar a cabo esta ‘gamificación’ a gran escala, así que decidió utilizar «Sesame Credit», la iniciativa de calificación para crédito comercial basada en datos sociales creada por Ant Financial Services Group, filial del gigante chino Alibaba Group [ http://bit.ly/2jbmY9K ] para sus necesidades comerciales en el mercado chino; y en base a ella, ir mas allá de los aspectos comerciales convirtiendo la ‘calificación crediticia’ también en una calificación (score), paralela integral de grados conducta ciudadana con gradaciones positivas y negativas, es decir una auténtica monitorización del comportamiento on- line de los ciudadanos chinos pero, y esto es importante, no habría filtro en la recolección de datos, que incluiría a cualquier usuario global del resto del mundo, que realizase interacción comercial on-line con empresas chinas.

Resulta fácil de deducir del informe reciente la Fundación Americana de la Unión de las Libertades civiles [ http://bit.ly/1PgXjUT ], que si no hay privacidad para el ciudadano calificado tampoco lo habrá para las empresas cuyos datos de transacciones alimenten el sistema de «Sesame Credit». El sistema está alimentado y gestionado esencialmente por tecnología de transacciones de filiales de dos grandes empresas chinas, Alibaba y Tencent, que gestionan casi el total de todas las redes sociales en China.

Es necesario para hacer una idea de la magnitud que pretende conseguir al iniciativa, tener en cuenta la dimensión empresarial de esta empresas. Alibaba Group, fundada por el emprendedor chino Jack Ma Es considerado como el chino más rico del mundo tras la salida a bolsa de Alibaba Group en la Bolsa de Nueva York. La empresa está articulada como un consorcio privado chino con sede en Hangzhou dedicado al comercio electrónico en Internet con 46.000 empleados. Su capital bursátil esta valorado en 235.000 millones de dólares. Incluyendo portales de ventas business-to- business, de venta al por menor, y entre consumidores (Taobao); también ofrece plataformas de servicios de pago en línea (Alipay), un motor de búsqueda de comparación de precios (eTao); de e-commerce entre Pymes (Aliexpress) y otra para Medicamentos y servicios médicos (Aliheath). Para hacerse una idea de la magnitud comercial, según datos publicados por The Economist ya en 2012 las plataformas on- line de Alibaba facturaron más de 170.000 millones de dólares en ventas, más que eBay y Amazon.com juntos.

Por su parte, Tencent Holdings es una de las compañías más grandes del Internet en el mundo. Fundada en 1999 por el emprendedor, graduado Universidad de Shenzhen Ma Huateng, (que en 2013 era el hombre más rico de China). La empresa tiene ahora 31.500 empleados, esta basada en Shenzhen, China y proporciona múltiples servicios. Incluye las plataformas Tenpay, -para pagos en línea en comercio electrónico-, y de computación en la nube Tweiyun; también QZone, la red social multiservicios con 640 millones de usuarios (considerad el Facebook chino). Tencent también posee la red social de mensajería instantánea QQ (el ‘whatsapp chino, con 850 millones de usuarios, que incluye plataformas como Show, una plataforma social de avatares, de foros de amistades, -City Elite-, y estudiantes -, Penguy-, de música online y off-line, Music-; de videos y fotos, -live-; WeChat, el servicio de mensajería instantánea para smartphones (700 millones de usuarios-), la plataforma de microblogging Tweibo (el twitter chino); y los navegadores Soso (partner de Google) y TTreveler (el tercer navegador más usado en China. Los tres mayores sitios de Tencent suman mas de 2000 millones de usuarios, que no son solo chinos sino que se ofrecen en veinte idiomas que usan de usuarios de 200 países. De ahí que Tencent no hay que verla como una empresa solo de el ámbito chino sino que es un instrumento que puede llevar la ‘gamificación’ citada y la monitorización de datos a otros países y continentes. Es un asunto global, no solo ‘chino’.

Empresas chinas que comparten el mismo Big Data para lo público y lo privado.

Si la conexión ubicua de los smartphone han eliminado la separación entre vida profesional y vida personal, entre trabajo y ocio, colocándolo todo mezclado en una misma cronología inversa de nuestra huella digital; el fenómeno de ‘Sesame Credit’ chino combina, de alguna manera, en un solo entorno conectado sin barreras, la maquinaria tecnológica del sector público gubernamental y el de las empresas. Es occidente esta bastante claro cuándo las entidades trabajan para el sector público (con licitaciones abiertas y publicitadas, etc.) o cuándo se hacen negocios en el mercado o la economía privada. En el funcionamiento de ‘Sesame Credit’, las empresas Tencent y Alibaba, -y las filiales de sus conglomerados empresariales-, estan haciendo negocios privados al tiempo que con los mimos mecanismos tecnológicos para ello, sirven a la causa y objetivos del gobierno chino y a su iniciativa de ‘gamificación’, cuantificación y monitorización del comportamiento de los ciudadanos chinos y por extensión de todos los usuarios globales (tambien los ubicados en otros 200 países del mundo), de sus servicios que, están por encima de los 2.000 millones de personas. Dado que, tanto para los negocios como para recolectar datos con que elaborar las métricas del ‘Sesame Credit score’ estan trabajando sobre las mismas transacciones, relaciones sociales y huella digital de los usuarios, no ha aparentemente ningún grado de separación entre el uso comercial y el uso ‘político’ del Biga data de los usuarios, sea chino o no.

Por otra parte, los incentivos o beneficios que suben el score (la puntuación que se otorga individualmente), del Sesame Credit de los ciudadanos, o lo bajan por conductas supuestamente reprobables según los criterios gubernamentales, mezclan tanto acciones de comercio como de ‘conducta’ desde el punto de vista político. Por ejemplo: si compras productos como calzado de trabajo o productos agrícolas locales, tu puntuación sube; si compartes un enlace de medios de noticias patrocinados por el estado, que cuentan lo bien que lo esta haciendo China en la economía, tu puntuación sube; lo mismo que si compras la compra de comida local y re-envías noticias ‘felices’. Pero si importas algunos productos de Japón, tu puntación baja. O sí apoyas en medio sociales publicación de imágenes, pro ejemplo, de la plaza de Tiananmen, o compartes un link relacionado con la recesión económica, serás ‘castigado’ con una disminución de puntuación o score individual; lo mismo que si tienes entre tu círculo de amigos en tu red social alguien que se muestre en sus `post’, crítico con el gobierno. En ese caso, tu score se va a resentir. Además, esta mayor o menor puntuación tiene consecuencias en la vida real en China. Por ejemplo, si tu score es alto, te ayudará a hacer más fácil obtener el papeleo que necesitas para viajar o te hará bastante más fácil obtener un préstamo personal. El crédito social prima y premia la ‘obediencia gubernamental’, es decir, si tu conducta en la redes sociales y el tus transacciones on-line estén alineadas con lo que los criterios gubernamentales consideran ‘correcto’ o incorrecto. Tu interacción en redes sociales es observada automáticamente: puedes perder puntos por tener ‘amigos’ cuyas bajas puntuaciones sean consecuencia de ‘mala conducta’.

Toda esta gigantesca monitorización a gran escala del comportamiento individual esta siendo rastreada por el software de la actividad comercial de empresas, -por ahora al menos-, como las maquinarias de Big Data de Alibaba y Tencent, en las que esta todo interconectado con cualquiera de las múltiples filiales de sus inmensos conglomerados comerciales, que comparten las métricas para mejorar su negocios y hacerlos prosperar. Todo ello es así inseparable de la ‘intención gubernamental’ que fija el criterio que es ejecutado por las empresas, ya que por ejemplo, la cuenta de usuario de Sesame Credit, en el funcionamiento actual esta generada en base al mecanismo de crédito social creado por Ant Financial [ http://bit.ly/2jbvUfB ], una empresa filial de Alibaba que también administra Alipay, una e las más populares aplicaciones de pago de terceros de China ya con más de 400 millones de usuarios.

¿Se está ensayando también un ‘score’ indirecto del comportamiento de empresas?

De todo ello se podría inferir fácilmente un corolario: de la misma manera que se establece una ‘puntuación’ para la conducta individual, también, apoyado en el mismo mecanismo de ‘data analytics’ se podría generar, con el machine learning actual del que dispone las empresas globales, una ‘puntuación’ de la ‘fiabilidad’ para el gobierno también de comportamiento de las empresa en el mercado chino o en el global, en función del cual, dichas empresa también podrían ser ‘premiadas’ o castigadas’ y desde luego monitorizadas o ‘supervisadas’ de muchas maneras. Y podríamos preguntarnos: ¿acaso un objetivo indirecto del mecanismo que simboliza elSesame Credit, a medio plazo podría ser también el facilitar o dificultar más o menos, su funcionamiento en el mercado chino a las compañías, chinas o extrajeras, que fueran más ‘respetuosas’ y dificultar sus acciones comerciales a las que no lo fueran? En este caso, ¿se extendería estos mismos premios y castigos a los propios accionistas de las empresas por invertir en unas acciones y no en otras? Desde luego, si la implantación a gran escala del mecanismo del tipo ‘Sesame Credit’ se extiende de por el mundo global conectado (y por tanto sin fronteras) de los negocios y las empresas, será algo que conducirá a una forma de ‘minitorizada’ de mercado inédita hasta ahora. Dado que en el ciberespacio no hay fronteras y el comercio electrónico funciona en ese contexto, preocupa y mucho estás posibilidades insospechadas que pueden extenderse en el mercado global, desde la economía china, en la que elSesame Credit a titulo individual, ya está en pleno crecimiento y será obligatorio en 2020.

¿Deberán tener en cuenta todos eso cualquier empresa que quiera trabajar en el mercado chino? ¿Van a sugerir las autoridades chinas a que las empresas que quieran trabajar en su mercado se sumen a la iniciativa Sesame Credit y a compartir sus datos de transacciones electrónicas de ciudadanos chinos para contribuir a suscore personal? ¿también las peticiones de clientes o inversores ubicados mas allá de China? ¿Va a estar limitada la libertad de empresa, -o la de los clientes-, en el mercado global a partir de ahora? ¿Se puede considerar un mercado abierto al de China a partir de la implantación de un Sesame Credit masivo? ¿Los negocios y los propósitos políticos van compartir el mismo Big data y sus métricas?

Este montón de preguntas, y otras parecidas, seguro que se van a hacer las empresas que exportan y funciona en el mercado global. Por ahora no tiene una respuesta fácil.

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