Tuve el pri­vi­le­gio de poder pro­bar de for­ma muy pio­ne­ra las tec­no­lo­gías que cons­ti­tu­yen lo que hoy lla­ma­mos redes socia­les en la Uni­ver­si­dad de Har­vard. ¿Cómo empe­za­ron a dete­rio­rar­se las cua­li­da­des de estas mara­vi­llo­sas tec­no­lo­gías para los usua­rios?

 

Adol­fo Pla­sen­cia, 14 de abril de 2026

 

Ima­gen supe­rior: El pano­ra­ma de las redes socia­les se podría repre­sen­tar con esta ima­gen tecno-dis­­tó­­pi­­ca, y al tiem­po sim­pá­ti­ca por la ale­gre son­ri­sa que lucen por la calle muchos/as de sus abdu­ci­dos tecno-sie­r­­vos de la gle­ba digi­tal.

Que las lla­ma­das pla­ta­for­mas de redes socia­les se han trans­for­ma­do en un con­jun­to con­fi­gu­ra­do como un sis­te­ma indus­trial de adic­ción ya lo expli­qué recien­te­men­te en estas pági­nas.  Pero no está de más para hacer­se una idea del alcan­ce social a nivel mun­dial entrar aho­ra un poco en el deta­lle de las cifras actua­li­za­das de impli­ca­dos en el mun­do.

Según las cifras de Glo­bal Digi­tal Insights, el núme­ro de usua­rios de las redes socia­les de inter­net al ini­cio de 2026 alcan­za los 5.660 millo­nes de per­so­nas —es decir, que apro­xi­ma­da­men­te dos ter­cios de la pobla­ción mun­dial están usan­do actual­men­te redes socia­les–. Y en cuan­to a fre­cuen­cia, más del 93 % de los usua­rios de inter­net acce­den a estas pla­ta­for­mas men­sual­men­te. El tipo de usua­rio más acti­vo de media, son las per­so­nas de 18 a 24 años. La tasa media con­jun­ta de tiem­po de uso es, apro­xi­ma­da­men­te, de 2 horas y 23 minu­tos por usua­rio y día. Face­book, de Meta, sigue sien­do en volu­men la red social usa­da por más gen­te: 3.070 millo­nes de usua­rios men­sua­les acti­vos (UMAs); le sigue Ins­ta­gram, con casi 3.000 millo­nes de usua­rios (UMAs), aun­que pue­de que algu­nos las com­par­tan ya que las dos per­te­ne­cen a Meta, empre­sa que usa mil tru­cos para que los usua­rios per­ma­nez­can cau­ti­vos den­tro de su pla­ta­for­ma en la que se ubi­can varias redes socia­les. El siguien­te pues­to lo ocu­pa WhatsApp con 3.030 millo­nes de UMAs. Des­pués están WeChat de Chi­na, con 1.410 UMAs; Tik­Tok con 1.900 millo­nes (UMAs); Tele­gram (con 1.000); y lue­go en cuan­to a usua­rios están la red social de ámbi­to pro­fe­sio­nal Lin­ke­dIn, con 1.000 millo­nes de UMAs; Snap­chat (con 932), y Red­dit (con 765); y des­pués, Spo­tify, la pla­ta­for­ma social de strea­ming de audio que inclu­ye músi­cos fan­tas­ma, (con 751), entre otras. Sin olvi­dar la que tie­ne más influen­cia polí­ti­ca, antes lla­ma­da Twit­ter y com­pra­da en 2022 por Elon Musk, que el mag­na­te rebau­ti­zó como “X”, y que aho­ra cuen­ta con 557 UMAs.  Estas cifras dan idea del impac­to social en el mun­do conec­ta­do, aun­que los usua­rios no son exclu­si­vos y, en muchos casos, son com­par­ti­dos y muchos tie­nen cuen­tas abier­tas en varias pla­ta­for­mas.

Esto es en cuan­to a la can­ti­dad de usua­rios. Pero hay carac­te­rís­ti­cas que insi­núan una cier­ta espe­cia­li­za­ción en la gue­rra entre sí de estas empre­sas, por obte­ner la máxi­ma aten­ción y man­te­ner a los usua­rios cau­ti­vos y adic­tos den­tro de la red social. No es cómo­do con­tar cómo fun­cio­nan las empre­sas en esta com­pe­ti­ción por­que podría pare­cer que estoy exa­ge­ran­do, en mi rela­to, pero créa­me el lec­tor que aún me que­da­ré cor­to. En cual­quier caso, ahí va. Es una gue­rra sin cuar­tel, en la que no impor­ta cau­sar pro­ble­mas de adic­ción o salud men­tal o físi­ca; de con­duc­tas auto-líti­­cas, que inclu­so lle­gan al sui­ci­dio en casos extre­mos, todo ello pro­vo­ca­do por sus des­pia­da­dos tru­cos. Al pare­cer, en esta gue­rra todo vale. Per­si­guen atra­par la aten­ción y el tiem­po vital del usua­rio a toda cos­ta, por­que las pla­ta­for­mas se dispu­tan can­ti­da­des ingen­tes de dine­ro que hay en jue­go. Y es una con­tien­da en la que se inten­ta todo. La algo­rít­mi­ca pre­dic­ti­va de las pla­ta­for­mas inten­ta con­ver­tir en viral cual­quier cosa y con­ver­tir­la en moda casi obli­ga­to­ria.

Hay mil varian­tes en ello; por ejem­plo, pro­mo­cio­nar a los nano­in­fluen­cers, –con entre 5.000 y 50.000 segui­do­res–, que son los más valo­ra­dos por su alto nivel de inter­ac­ción. Hay diver­sos crea­do­res de con­te­ni­do, sobre todo audio­vi­sual, por­que las redes socia­les no son un mun­do de lec­to­res, –leer es dema­sia­do len­to; el vídeo y el soni­do se pue­den ace­le­rar–. Por eso es más un ámbi­to de espec­ta­do­res, de strea­mers, y de oyen­tes de pod­cas­ters. En cual­quier caso, pese al auto­bom­bo, y a pre­su­mir de follo­wers (segui­do­res), –pue­des com­prar 100.000 por unos 150 euros–, unos y otros son sim­ples comi­sio­nis­tas de las pla­ta­for­mas. Otro tru­co de Ins­ta­gram y Tik­Tok es publi­car y vira­li­zar sin des­can­so los Reels (vídeos ultra-cor­­tos) algo que se ha vuel­to domi­nan­te y es una ver­sión audio­vi­sual del scroll infi­ni­to. La cita­da algo­rít­mi­ca pre­dic­ti­va está pro­gra­ma­da para pro­mo­cio­nar y exten­der el con­te­ni­do gene­ra­do por el usua­rio (UGC) ya que el tra­ba­jo de crear­lo está a car­go del usua­rio, que lo pro­du­ce gra­tis.

 Otro tru­co es pro­mo­cio­nar y empu­jar al usua­rio hacia el uso com­pul­si­vo, man­te­nien­do sus acti­vi­da­des de infor­mar­se y hacer­lo todo, sin salir de la pla­ta­for­ma (en don­de se mez­clan infor­ma­cio­nes verí­di­cas con fal­sas y, aho­ra con muchas fake news –noti­cias fal­si­fi­ca­das– crea­das como tales con IA para que se con­vier­tan en vira­les, y aumen­ten el trá­fi­co y, con ello, el nego­cio. Otro de los tru­cos dis­fra­za­do de moda es la com­pra social onli­ne (que aca­ba sien­do com­pul­si­va) que en algu­nas pla­ta­for­mas como Tik­Tok aca­ba en paro­xis­mo, sobre todo, a tra­vés de la pro­pia App (apli­ca­ción móvil para Smartpho­nes), que de fon­do, sin que el usua­rio sea cons­cien­te, lle­va a cabo una exhaus­ti­va reco­lec­ción de datos y meta­da­tos de la con­duc­ta onli­ne del pro­pio usua­rio, que las pla­ta­for­mas usan lue­go, ade­más de para comer­ciar con él, con ellos, para bom­bar­dear­les, des­pués, de vuel­ta, con publi­ci­dad hiper­seg­men­ta­da y per­so­na­li­za­da. La tasa de usua­rios de Tik­Tok que com­pra a tra­vés de la App de su móvil alcan­za el 43% y se hace a una velo­ci­dad que impi­de refle­xio­nar sobre si la com­pra es nece­sa­ria o no, ya que se hacen sin pen­sar, en un solo clic.

Como, ade­más, las medi­das de segu­ri­dad están muy rela­ja­das u ocul­tas para pro­mo­ver siem­pre la vira­li­dad y com­pul­si­vi­dad, estos eco­sis­te­mas están enor­me­men­te colo­ni­za­dos por la delin­cuen­cia y el frau­de ya que este tipo de usua­rios (sobre todo los de la gene­ra­ción Z, –o cen­ten­nials, naci­dos apro­xi­ma­da­men­te entre 1997 y 2012–, en un 74% inclu­so rea­li­za las bús­que­das den­tro de la red social Tik­Tok, sin tomar las más ele­men­ta­les pre­cau­cio­nes). En reali­dad, su velo­ci­dad en la red social redun­da en aumen­tar la pro­duc­ti­vi­dad eco­nó­mi­ca para la pla­ta­for­ma como usua­rio de la red social. Una enor­me mul­ti­tud de usua­rios, sobre todo jóve­nes, aun­que lo ejer­zan como si fue­ra una diver­sión, están tra­ba­jan­do, en reali­dad cau­ti­vos, como sier­vos de la gle­ba digi­tal, a gran velo­ci­dad para las pla­ta­for­mas, con una pro­duc­ti­vi­dad eco­nó­mi­ca enor­me debi­do a los efec­tos de red para esas empre­sas. De ahí sus ingen­tes bene­fi­cios.

Las tec­no­lo­gías de red social. De una mara­vi­lla tec­no­ló­gi­ca a la total degra­da­ción

Vaya­mos al prin­ci­pio de esta his­to­ria de lo social onli­ne. Tuve el pri­vi­le­gio de poder pro­bar de for­ma muy pio­ne­ra las tec­no­lo­gías que cons­ti­tu­yen lo que hoy lla­ma­mos redes socia­les en la Uni­ver­si­dad de Har­vard, don­de asis­tí al pri­mer taller que hizo allí Dan Gill­mor, perio­dis­ta pro­ce­den­te del perió­di­co San José Mer­cury News, un impor­tan­te dia­rio con sede en San José, Cali­for­nia que cubre el Área de la Bahía de San Fran­cis­co y Sili­con Valley, que bebe des­de siem­pre de las noti­cias sobre tec­no­lo­gías inno­va­do­ras de la bahía de San Fran­cis­co y Sili­con Valley. Por aquel enton­ces Dan aca­ba­ba de lan­zar su pri­mer Weblog, en 1999, mien­tras yo esta­ba en el MIT, don­de se res­pi­ra­ba enton­ces allí, –lo recuer­do bien–, a prin­ci­pios de este mile­nio, ale­gría, entu­sias­mo y una sen­sa­ción gene­ral de espe­ran­za y opti­mis­mo en torno a la tec­no­lo­gía, los orde­na­do­res e inter­net. Gill­mor tra­jo de inme­dia­to a la cos­ta este de EE.UU., a Har­vard y al MIT, la van­guar­dia de las téc­ni­cas para publi­car en el inter­net de aque­llos tiem­pos sin nece­si­dad algu­na de cono­ci­mien­tos de pro­gra­ma­ción, ni de códi­go html. Era sufi­cien­te saber mane­jar muy bási­ca­men­te las tec­no­lo­gías mul­ti­me­dia, algo en lo que yo era enton­ces pro­fe­sor en la UPV en Valen­cia. Gill­mor for­ma­ba par­te de la van­guar­dia de lo que él mis­mo bau­ti­zó como perio­dis­mo ciu­da­dano, y esta­ba expe­ri­men­tan­do con la alfa­be­ti­za­ción digi­tal, y el pro­mo­ver hacia el futu­ro los medios par­ti­ci­pa­ti­vos. Todo sin ras­treo, ni likes, ni scroll infi­ni­to, ni tru­cos de ese tipo.

Eran un con­jun­to de tec­no­lo­gías de muy fácil uso que, más ade­lan­te, die­ron lugar a lo que lue­go se lla­ma­ron los blogs, y las publi­ca­cio­nes mul­ti­me­dia onli­ne pero, hechas sin ayu­da de pro­gra­ma­do­res infor­má­ti­cos. Era un gran sal­to y mi cole­ga de Har­vard y del MIT Dou­glas Mor­gens­tern y yo, inclui­mos la filo­so­fía del esti­lo de Gill­mor en la pla­ta­for­ma de mul­ti­me­dia par­ti­ci­pa­ti­va crea­da ad hoc para nues­tro pro­yec­to MIT-UPV EXCHANGE que co-fun­­da­­mos ofi­cial­men­te en el MIT en el año 2.000  (4 años antes de que nacie­ra la pri­me­ra red social famo­sa, Face­book, –cuya fun­da­ción dio lugar mucho des­pués inclu­so a una pelí­cu­la en 2010: The Social Net­work (La red social)–, jus­to en el cam­pus de al lado, en la Uni­ver­si­dad de Har­vard). La expre­sión «redes socia­les», enton­ces, en el 2000, toda­vía no exis­tía. En aquel momen­to, a esas pla­ta­for­mas las lla­má­ba­mos comu­ni­da­des vir­tua­les, expre­sión que acu­ñó Howard Rhein­gold, otro expe­ri­men­ta­dor no orto­do­xo, como Gill­mor, y con el que ya tenía con­tac­to enton­ces, y que des­pués for­ma­ría par­te de mi libro de MIT Press. Él defen­día la idea abier­ta de la «sabi­du­ría de las mul­ti­tu­des» o de las mul­ti­tu­des inte­li­gen­tes (smart mobs) y que des­cri­bió en su libro Smart Mobs: The Next Social Revo­lu­tion. Rhein­gold, que ade­más de un pio­ne­ro era un visio­na­rio, se anti­ci­pó a nues­tros tiem­pos actua­les de las redes socia­les. Nues­tra con­ver­sa­ción en mi libro se titu­la pre­ci­sa­men­te, –y se refe­ría al mun­do onli­ne–: «Una mul­ti­tud inte­li­gen­te no es nece­sa­ria­men­te una mul­ti­tud sabia». Se refe­ría a las mul­ti­tu­des conec­ta­das en la red, y dio en el cla­vo anti­ci­pa­da­men­te, cosa muy pro­pia en él. Esa fra­se se podría apli­car vein­te años des­pués a las redes socia­les actua­les.

Duran­te los pri­me­ros años del siglo y de nues­tra ini­cia­ti­va, –arran­ca­da ofi­cial­men­te en el 2000, con con­te­ni­dos en espa­ñol, que se pro­lon­gó has­ta 2011–, estu­vi­mos expe­ri­men­tan­do sin parar en nues­tra pla­ta­for­ma basa­da en el MIT y en la UPV con las tec­no­lo­gías mul­ti­me­dia onli­ne, por­que en nues­tra comu­ni­dad vir­tual sur­gían cons­tan­te­men­te nue­vas ideas y téc­ni­cas digi­ta­les. La liber­tad rei­nan­te en el MIT y el Inter­net de enton­ces y el entu­sias­mo de mi cole­ga Dou­glas, hizo el res­to. Pero lue­go fal­ta­ba que alguien for­mu­la­se ese con­jun­to de tec­no­lo­gías for­mal­men­te, cosa que hizo el huma­nis­ta tec­no­ló­gi­co cali­for­niano Tim O’Reilly que lla­mó a estas tec­no­lo­gías la «Web 2.0» y con quien des­pués estre­ché muchos lazos al pun­to que se sumó y, ade­más, me escri­bió el Pre­fa­cio de mi libro publi­ca­do por MIT Press. La cola­bo­ra­ción que está­ba­mos expe­ri­men­tan­do era algo nue­vo, como lo fue en la déca­da ante­rior la Web 1.0 que creó Tim Ber­­ners-Lee en el CERN, cuyas reglas uni­ver­sa­les se habían empe­za­do a des­ple­gar solo cin­co años antes, en octu­bre de 1994 cuan­do fun­dó el Con­sor­cio de la World Wide Web (W3C) con sede en un bello edi­fi­cio del Ins­ti­tu­to de Tec­no­lo­gía de Mas­sa­chu­setts (MIT). Fue­ron tiem­pos abier­tos, libres y entu­sias­man­tes de la tec­no­lo­gía digi­tal, en los que se hacía reali­dad el títu­lo de la con­ver­sa­ción con Tim O’Reilly que publi­qué en mi libro y aún sus­cri­bo com­ple­ta­men­te: «La tec­no­lo­gía es algo para hacer del mun­do un lugar mejor». Está­ba­mos con­ven­ci­dos de ello y yo aún lo estoy. Por enton­ces tam­bién, y fru­to de mis­mo espí­ri­tu, el 15 de enero de 2001 Jimmy Wales y Larry San­ger fun­da­ron Wiki­pe­dia, la enci­clo­pe­dia libre, polí­glo­ta y edi­ta­da de mane­ra cola­bo­ra­ti­va, que aún es la mayor y más popu­lar obra de con­sul­ta en Inter­net. Fue fun­da­da con un espí­ri­tu al que me adhie­ro com­ple­ta­men­te. Y que en su ver­sión en espa­ñol hoy ya tie­ne publi­ca­dos 2.106.555 artícu­los.

Cuan­do todo esto ocu­rría, no exis­tían nin­gu­na de las actua­les redes socia­les. No exis­tían esas pla­ta­for­mas y mar­cas que hoy son tan cono­ci­das glo­bal­men­te. Con nom­bres como Face­book, que nació en 2004; WhatsApp en (2009); You­Tu­be (2005); Twit­ter (2006); Ins­ta­gram (2010); Tik­Tok (2010); Mes­­se­n­­ger-Meta (2011); Snapchat(2011); WeChat (2011); Tele­gram (2013); X (2022); Threads (2023); Dou­yin (抖音) –el Tik­Tok ori­gi­nal fun­da­do en Chi­na–. Hay muchas más, pero las cita­das son las más cono­ci­das a nivel mun­dial. Eso en cuan­to a las empre­sas y pla­ta­for­mas. Tam­po­co exis­tían tec­no­lo­gías que se han inte­gra­do en estos Ser­vi­cios de Red Social bus­can­do la «pro­duc­ti­vi­dad» de los usua­rios, cuya acti­vi­dad mone­ti­zan las pla­ta­for­mas con todo tipo de tru­cos. El pro­pó­si­to con­cre­to e ins­tan­tá­neo es muy sen­ci­llo en reali­dad. En cada caso las pla­ta­for­mas quie­ren maxi­mi­zar sim­ple­men­te dos cosas en cada usua­rio, –una vez tie­ne regis­tra­da una cuen­ta–: que el usua­rio se conec­te a la red social el máxi­mo núme­ro de veces por día, o por hora; y que cada cone­xión dure el máxi­mo posi­ble.

En enero de 2007 la genial visión de Ste­ve Jobs hizo que Apple lan­za­se el pri­mer móvil conec­ta­do con inter­faz tác­til y sin tecla­do físi­co, nom­bra­do «Inven­to del año» por la revis­ta Time en 2007. Esa mara­vi­lla tec­no­ló­gi­ca, bas­tan­te des­pués, pudo dar lugar lue­go a nue­vos tru­cos para engan­char al usua­rio, dis­fra­za­dos de una como­di­dad nihi­lis­ta que sumió a los usua­rios muy pron­to en el con­for­mis­mo tec­no­ló­gi­co, que con­vir­tió con su cone­xión ubi­cua (en cual­quier momen­to y des­de cual­quier lugar) al Smartpho­ne en una tram­pa cog­ni­ti­va casi infa­li­ble, y que lle­va direc­ta a la men­te del usua­rio a ser pre­sa de las micro­do­sis de dopa­mi­na, pro­vo­ca­das inter­mi­ten­te y arti­fi­cial­men­te por la algo­rít­mi­ca de las pla­ta­for­mas en su cere­bro, como expli­ca­ban muy bien hace poco los neu­ro­cien­tí­fi­cos Mariano Sig­man y Álva­ro Pas­­cual-Leo­­ne.

Suma­dos a todo eso fun­cio­nan aho­ra, a pleno ren­di­mien­to, otros infa­mes tru­cos como el scroll infi­ni­to crea­do por Aza Ras­kin en 2006, ali­men­ta­do por algo­rit­mos como el de la red social Tik­Tok, que los demás copia­ron, con­vir­tie­ron a las redes socia­les en cam­peo­nas de la adic­ción del usua­rio en un tiem­po record. Y aún hay más. A todo lo ante­rior, se une una capa ocul­ta de la reco­lec­ción de datos y meta­da­tos, que final­men­te ha aca­ba­do con­vir­tien­do al inter­net social en un espa­cio onli­ne neo­me­die­val, tecno-feu­­dal, sal­va­je, y a los due­ños de las pla­ta­for­mas de red social en unos nue­vos mag­na­tes tecno-domi­­na­­do­­res glo­ba­les; y a muchí­si­mos usua­rios, –me reite­ro–, en unos nue­vos sier­vos de la gle­ba, autén­ti­cos escla­vos digi­ta­les. Sier­vos digi­ta­les que, enci­ma, exhi­ben una ino­cen­te son­ri­sa en los labios, como si estu­vie­ran siem­pre con­ten­tos, a pesar de su estrés, y en nume­ro­sos casos con pro­ble­mas cons­tan­tes de sole­dad y/o salud men­tal, sobre todo en el caso de las per­so­nas más vul­ne­ra­bles, aun­que no sólo. Es pro­ba­ble que todo esto no hubie­ra sido posi­ble sin la mara­vi­lla tec­no­ló­gi­ca de los smartpho­nes, su cone­xión ubi­cua y, cla­ro, el apli­car la pre­sión cons­tan­te direc­ta­men­te sobre las men­tes, que la per­ver­sa e incan­sa­ble inter­faz de las actua­les redes socia­les, ejer­ce sutil­men­te día y noche sobre sus usua­rios.

Y ¿cómo empe­za­ron a dete­rio­rar­se las cua­li­da­des de estas mara­vi­llo­sas tec­no­lo­gías para los usua­rios?

Hay dos ver­sio­nes sobre ello con las que estoy de acuer­do. Una es la de Susam Pal, una inge­nie­ra de soft­wa­re y segu­ri­dad en la nube, basa­da en Lon­dres. Susam lo des­cri­be así en su sen­sa­ción per­so­nal: «Las pla­ta­for­mas de redes socia­les eran uno de los ser­vi­cios que for­ma­ban par­te de lo que se lla­mó la Web 2.0, un tér­mino uti­li­za­do para sitios web crea­dos en torno a la par­ti­ci­pa­ción e inter­ac­ción del usua­rio. Pare­cía que la super­au­to­pis­ta de la infor­ma­ción final­men­te esta­ba alcan­zan­do su poten­cial. Pero en algún momen­to entre 2012 y 2016, la situa­ción empeo­ró... Pri­me­ro, –cuen­ta Susam–, lle­gó el infa­me scroll (des­pla­za­mien­to) infi­ni­to. Recuer­do la inquie­tud que sen­tí la pri­me­ra vez que una pági­na web dejó de tener fon­do. Lógi­ca­men­te, sabía muy bien que todo lo que mues­tra un nave­ga­dor es una cons­truc­ción vir­tual. No hay una pági­na físi­ca. Son solo píxe­les que fin­gen ser­lo. Aun así, mi cere­bro había apren­di­do a tra­tar las pági­nas web como obje­tos con un prin­ci­pio y un final. La repen­ti­na des­apa­ri­ción de ese final per­tur­bó mi tran­qui­li­dad»…

…«Lue­go lle­ga­ron las noti­fi­ca­cio­nes fal­sas. Lo que antes eran seña­les sig­ni­fi­ca­ti­vas se con­vir­tie­ron en avi­sos arbi­tra­rios. Alguien a quien seguías había publi­ca­do algo sin impor­tan­cia y la pla­ta­for­ma lo mos­tra­ba como una noti­fi­ca­ción urgen­te de todos modos. Daba igual si la noti­fi­ca­ción era rele­van­te para mí. El sis­te­ma de noti­fi­ca­cio­nes dejó de aten­der­me y empe­zó a aten­der­se a sí mis­mo. Pare­cía una vio­la­ción de un acuer­do táci­to entre usua­rios y ser­vi­cios» …«A pesar de todo, estas pla­ta­for­mas seguían sien­do socia­les, aun­que en cier­to modo dilui­do. Sí, las noti­fi­ca­cio­nes eran mani­pu­la­do­ras, pero al menos se refe­rían a per­so­nas que cono­cía o a las que había deci­di­do seguir. Eso tam­bién cam­bia­ría» …«Con el tiem­po, mi línea de tiem­po (feed o flu­jo de con­te­ni­do) en la red social, mi cro­no­lo­gía, con­te­nía cada vez menos publi­ca­cio­nes de ami­gos y más con­te­ni­do de des­co­no­ci­dos. Usar estos ser­vi­cios empe­zó a sen­tir­se como estar fren­te a un alta­voz a todo volu­men, trans­mi­tien­do frag­men­tos de con­ver­sa­cio­nes inin­te­li­gi­bles de todo el mun­do direc­ta­men­te a mi cara» …«Deci­dí irme. Fue enton­ces cuan­do las aban­do­né. Ya no tenían nada de social. Se habían con­ver­ti­do en un medio para robar la aten­ción. Mi aten­ción es valio­sa para mí. No pue­do des­per­di­ciar­la nave­gan­do dis­traí­da­men­te por vídeos sin rele­van­cia ni sus­tan­cia».

La otra opi­nión, esta en el ámbi­to empre­sa, es de Cory Doc­to­row, a quien conoz­co mucho tiem­po, que ha acu­ña­do una expre­sión con mucha for­tu­na: «Enshit­ti­fia­tion» que se ha con­ver­ti­do en un libro en el que expli­ca por qué el inter­net de las gran­des pla­ta­for­mas han pasa­do de pro­me­ter eman­ci­pa­ción a con­ver­tir­se en máqui­nas de extrac­ción de valor. En 2022, Cory acu­ñó el tér­mino «Enshit­ti­fi­ca­tion» («mier­di­fi­ca­ción») des­cri­bién­do­lo como «el pro­ce­so por el que las pla­ta­for­mas digi­ta­lespri­me­ro sedu­cen a los usua­rios, lue­go expri­men a las empre­sas que depen­den de ellas y, por últi­mo, degra­dan la expe­rien­cia de todos para maxi­mi­zar sal­va­je­men­te sus bene­fi­cios». El con­cep­to se ha popu­la­ri­za­do tan­to que fue ele­gi­da pala­bra del año en 2023 por la Ame­ri­can Dia­lect Society y en 2024 por el dic­cio­na­rio Mac­qua­rie.

Con moti­vo de la publi­ca­ción de su libro en espa­ñol, Mier­di­fi­ca­ción, Cory lo resu­me en una entre­vis­ta de Ester Pania­gua en Etic, cuyo títu­lo ya lo anun­cia: «Las pla­ta­for­mas pri­me­ro te sedu­cen, lue­go te atra­pan y al final te expri­men». Cory lo expli­ca así: la «mier­di­fi­ca­ción»… –dice Cory–, «Es (mi) teo­ría sobre cómo las pla­ta­for­mas digi­ta­les explo­tan la fle­xi­bi­li­dad de la tec­no­lo­gía para extraer valor de usua­rios, clien­tes y pro­vee­do­res sin con­se­cuen­cias reales», –es decir, con total impu­ni­dad–,… «En el fon­do, toda empre­sa quie­re extraer el máxi­mo valor posi­ble: el nego­cio ideal sería no pagar nada por lo que obtie­ne y cobrar todo lo que ven­de. La dife­ren­cia es que, en el entorno digi­tal, eso pue­de hacer­se con una pre­ci­sión y una opa­ci­dad iné­di­tas. Pue­des empeo­rar un ser­vi­cio solo una vez de cada cien, para que el usua­rio no detec­te el patrón. Pue­des tra­tar a cada per­so­na de for­ma dis­tin­ta, ajus­tar pre­cios, resul­ta­dos, reco­men­da­cio­nes o comi­sio­nes según quién seas. La digi­ta­li­za­ción per­mi­te un gra­do de mani­pu­la­ción que en el mun­do físi­co sería mucho más difí­cil o mucho más caro» …Es un diag­nós­ti­co per­fec­to, en mi opi­nión.

El pro­ce­so tie­ne tres fases, según Doc­to­row «En la pri­me­ra fase, la pla­ta­for­ma es bue­na con sus usua­rios para atraer­los y hacer que depen­dan de ella; en la segun­da, como esos usua­rios ya están atra­pa­dos, empie­za a empeo­rar su expe­rien­cia y trans­fie­re valor hacia los clien­tes empre­sa­ria­les: anun­cian­tes, ven­de­do­res, medios, desa­rro­lla­do­res. Des­pués, la pla­ta­for­ma, atra­pa tam­bién a esos acto­res. Y en la ter­ce­ra fase, con usua­rios y empre­sas ya depen­dien­tes, empie­za a extraer valor de todos a la vez, has­ta el lími­te míni­mo que cree com­pa­ti­ble con que sigan allí. En ese momen­to la pla­ta­for­ma se con­vier­te, bási­ca­men­te, –y dicho cru­da­man­te–, en un mon­tón de mier­da». Según Cory, «esto es posi­ble por algo que per­mi­te la digi­ta­li­za­ción, que se lla­ma twidd­ling y es la capa­ci­dad de modi­fi­car la lógi­ca del sis­te­ma para cada usua­rio y en cada sesión. Es algo que no pue­des hacer en el mun­do físi­co».

Natu­ral­men­te, para que las empre­sas actúen así, sus diri­gen­tes han de tener un talan­te capaz de igno­rar aque­lla pre­ten­sión que ilu­sio­na­ba a Ste­ve Jobs que era que, su empre­sa com­pi­tie­ra sien­do la más inno­va­do­ra con el mejor pro­duc­to físi­co del mun­do y con los mejo­res ser­vi­cios digi­ta­les del mun­do. Estas empre­sas que siguen el pro­ce­so des­cri­to por Cory pare­cen ir en direc­ción con­tra­ria a aquel sue­ño de Jobs para com­pe­tir mejor. Van en esa direc­ción con­tra­ria e inten­tan rete­ner a los usua­rios, pero en cau­ti­vi­dad, exclu­si­va­men­te, solo median­te la adic­ción como expli­que en deta­lle en estas pági­nas. Con­se­guir y man­te­ner esto como estra­te­gia empre­sa­rial, requie­re tener la infa­me cata­du­ra moral ade­cua­da para dejar de per­se­guir la inno­va­ción y dejar­se guiar úni­ca­men­te la ava­ri­cia y la codi­cia. Es decir, per­se­guir radi­cal­men­te con el pro­ce­so que des­cri­be Doc­to­row, para ganar el máxi­mo dine­ro sin impor­tar los efec­tos secun­da­rios, ni el gra­do de daño que se haga en el pro­ce­so a las per­so­nas vul­ne­ra­bles, ni cuán­tos sean los dam­ni­fi­ca­dos, ni qué gra­do de daño físi­co y men­tal se infrin­ja a los usua­rios, inclu­so aun­que pro­vo­ques una epi­de­mia de pro­ble­mas de salud men­tal como ocu­rrió en toda una gran ciu­dad como Nue­va York.

Aun­que este asun­to tie­ne muchos más aspec­tos en rela­ción a los usos de la tec­no­lo­gía, me cen­tra­ré aho­ra en los rela­cio­na­dos mos­tra­dos en los jui­cios con vis­ta públi­ca y jura­do con­tra las redes socia­les que ya están ocu­rrien­do don­de se pue­den obser­var los deta­lles del pro­ce­so. Vea­mos el que aca­ba de tener lugar en el que se ha con­de­na­do a Meta e Ins­ta­gram, en EE.UU.

A la izquier­da, Mark Zuc­ker­berg, CEO de Meta; y a la dere­cha Adam Mos­se­ri, CEO de Ins­ta­gram, a la sali­da del jui­cio. Así les pone­mos cara. Reuters.

Los Ser­vi­cios de Red Social se han con­ver­ti­do en «Máqui­nas de adic­ción”

BBC News publi­có el pasa­do 26 de mar­zo un con­tun­den­te artícu­lo titu­la­do: «Decla­ran a Meta y Goo­gle res­pon­sa­bles en un jui­cio his­tó­ri­co sobre la adic­ción a las redes socia­les» que comien­za dicien­do «Un jura­do de Los Ánge­les ha otor­ga­do una vic­to­ria sin pre­ce­den­tes a una joven que deman­dó a Meta y Goo­gle por su adic­ción a las redes socia­les duran­te la infan­cia. Un panel de jura­dos deter­mi­nó que Meta y Goo­gle cons­tru­ye­ron inten­cio­nal­men­te pla­ta­for­mas de redes socia­les adic­ti­vas que per­ju­di­ca­ron la salud men­tal de una mujer de 20 años, iden­ti­fi­ca­da como K.G.M., y cono­ci­da como Kaley. Por ello, resol­vie­ron que mujer debe­rá reci­bir 6 millo­nes de dóla­res en total (3 millo­nes de dóla­res como com­pen­sa­ción y, otro tan­to, en con­cep­to de daños puni­ti­vos), al con­cluir con prue­bas que Meta y Goo­gle «actua­ron con mali­cia, opre­sión o frau­de» en la for­ma de ope­rar sus pla­ta­for­masEl fallo, expli­ca BBC News, pro­ba­ble­men­te ten­drá impli­ca­cio­nes para cien­tos de casos simi­la­res que actual­men­te están siguien­do su cur­so en dis­tin­tos tri­bu­na­les de Esta­dos Uni­dos.

La acu­sa­ción en el cita­do jui­cio iba con­tra las empre­sas pro­pie­ta­rias de algu­nos de los más cono­ci­dos ser­vi­cios de redes socia­les: los de Meta y You­Tu­be pro­pie­dad de Goo­gle, y tam­bién con­tra Tik­Tok y Snap­chat, pero estas dos últi­mas empre­sas lle­ga­ron a impor­tan­tes acuer­dos eco­nó­mi­cos con­fi­den­cia­les con la deman­dan­te Kaley, con tal de no expo­ner­se a la expo­si­ción públi­ca que iban a tener las empre­sas en el jui­cio. Por ello, aten­ción mediá­ti­ca de en vis­ta y el jui­cio se cen­tra­ron en Meta (due­ña de Ins­ta­gram); y Goo­gle (due­ña de You­Tu­be e Ins­ta­gram), ya que asis­tie­ron a decla­rar el CEO de Meta Mark Zuc­ker­berg y Adam Mos­se­ri, CEO de Ins­ta­gram. Tam­bién decla­ró Cris­tos Goo­drow (vice­pre­si­den­te de inge­nie­ría de You­Tu­be, pro­pie­dad de Goo­gle), pero la aten­ción mediá­ti­ca se cen­tró en los dos pri­me­ros.

Los deta­lles del impac­to de las redes socia­les en la vida de la deman­dan­te des­cri­tos ante el tri­bu­nal son tre­men­dos. En el jui­cio, según la BBC, «Los abo­ga­dos de Kaley argu­men­ta­ron que Meta y You­Tu­be habían cons­trui­do máqui­nas de adic­ción y que no cum­plie­ron con su res­pon­sa­bi­li­dad de impe­dir que los niños acce­die­ran a sus pla­ta­for­mas». Kaley dijo que «empe­zó a usar You­Tu­be a los 6 años e Ins­ta­gram a los 9, y que nun­ca se encon­tró inten­tos de blo­quear su acce­so por su edad». La deman­dan­te expli­có duran­te su tes­ti­mo­nio: «Dejé de rela­cio­nar­me con mi fami­lia por­que pasa­ba todo mi tiem­po en las redes socia­les». Kaley con­tó que tenía 10 años cuan­do empe­zó a sen­tir ansie­dad y depre­sión, tras­tor­nos de los que sería diag­nos­ti­ca­da años más tar­de por una tera­peu­ta. Tam­bién decla­ró que «comen­zó a obse­sio­nar­se con su apa­rien­cia físi­ca casi des­de el momen­to en que empe­zó a usar la pla­ta­for­ma de niña y empe­zó a usar fil­tros de Ins­ta­gram que cam­bia­ban su aspec­to, hacién­do­le la nariz más peque­ña y los ojos más gran­des». Los abo­ga­dos expli­ca­ron que, des­de enton­ces, los médi­cos le han diag­nos­ti­ca­do, a Kaley dis­mor­fia cor­po­ral, una con­di­ción que hace que las per­so­nas se preo­cu­pen de mane­ra exce­si­va por su apa­rien­cia físi­ca y no se vean a sí mis­mas como las ven los demás.

El impac­to de lo des­cri­to en el jui­cio de Kaley ha sido enor­me. TVE títu­la­ba así en su web la noti­cia: «Un jura­do de EE.UU. con­de­na a Meta a pagar 375 millo­nes por ocul­tar ries­gos de explo­ta­ción infan­til en redes socia­les».

En el jui­cio, que ha dura­do tres sema­nas, los abo­ga­dos de la denun­cian­te entra­ron en el deta­lle de las herra­mien­tas tec­no­ló­gi­cas que pro­vo­can en mayor medi­da los daños y la adic­ción. «Los abo­ga­dos de la deman­dan­te argu­men­ta­ron que fun­cio­nes de Ins­ta­gram como el des­pla­za­mien­to infi­ni­to de vídeos (scroll infi­ni­to) esta­ban dise­ña­das para ser adic­ti­vas». Pero tam­bién se des­cri­bie­ron en el jui­cio deta­lles sobre las estra­te­gias empre­sa­ria­les de las pla­ta­for­mas para maxi­mi­zar su núme­ro de usua­rios. La deman­da de Kaley afir­ma que «comen­zó a usar las redes socia­les cuan­do era muy joven. Tam­bién era una usua­ria fre­cuen­te de Tik­Tok y Snap­chat». Y decla­ró que des­pués de engan­char­se a las pla­ta­for­mas, «sus pro­ble­mas de ima­gen cor­po­ral, depre­sión y pen­sa­mien­tos sui­ci­das empeo­ra­ron. La deman­da seña­la carac­te­rís­ti­cas como fil­tros de belle­za, scroll infi­ni­to y jue­go auto­má­ti­co como equi­va­len­tes a un «casino digi­tal». Una cosa impor­tan­te que seña­la la deman­da es que «La evi­den­cia de los daños de estas carac­te­rís­ti­cas se ocul­tó al públi­co».

Uno de los abo­ga­dos liti­gan­tes mos­tró docu­men­tos sobre las estra­te­gias de estas pla­ta­for­mas hacia los meno­res. Mos­tra­ron que los obje­ti­vos de cre­ci­mien­to de Meta esta­ban orien­ta­dos a lograr que los más jóve­nes usa­ran al máxi­mo y cuan­to antes sus pla­ta­for­mas. Basán­do­se en el tes­ti­mo­nio de exper­tos y de anti­guos eje­cu­ti­vos de Meta, sos­tu­vie­ron que la empre­sa que­ría atraer usua­rios niños o ado­les­cen­tes por­que era más pro­ba­ble que per­ma­ne­cie­ran en sus pla­ta­for­mas duran­te perío­dos más lar­gos.

Cuan­do los abo­ga­dos de la deman­dan­te Kaley le dije­ron a Adam Mos­se­ri, CEO de Ins­ta­gram, que su día de uso más lar­go de la pla­ta­for­ma había lle­ga­do a 16 horas, él negó que eso fue­ra evi­den­cia de una adic­ción. Según la BBC«Mos­se­ri, el CEO de Ins­ta­gram, afir­ma que 16 horas de uso dia­rio son pro­ble­má­ti­cas, no una adic­ción». No se si le ocu­rrie­se eso a su hijo o hija peque­ña hubie­ra dicho lo mis­mo. Sos­pe­cho que no.

Por su par­te, la pres­ti­gio­sa Natio­nal Public Radio (NPR), rela­tó que en el jui­cio se acu­só a Meta se usar estra­te­gias de «dise­ñar deli­be­ra­da­men­te fun­cio­nes de Ins­ta­gram para con­se­guir niños adic­tos»; Mark Lanier, abo­ga­do liti­gan­te de Texas en el jui­cio, diri­gió a la aten­ción de Zuc­ker­berg a un docu­men­to interno de Meta de 2020 que mos­tra­ba que «los niños de 11 años tenían cua­tro veces más pro­ba­bi­li­da­des de vol­ver a sus Apps, en com­pa­ra­ción con los usua­rios mayo­res». –Ins­ta­gram y Face­book requie­ren que los usua­rios ten­gan 13 años para regis­trar­se–

Según la NPR, el abo­ga­do Lanier pre­gun­tó a Zuc­ker­berg «¿Hay per­so­nas que se unen a Face­book a los 11 años? Y aña­dió: «Pen­sé que uste­des no tenían nin­gún niño de esa edad». Zuc­ker­berg admi­tió que muchos usua­rios mien­ten sobre su edad para acce­der a Ins­ta­gram y Face­book y dijo que «Hacer cum­plir las reglas de lími­te de edad, dijo, pue­de ser «muy difí­cil». Ante su extra­ñe­za en el jui­cio, Lanier argu­men­tó que «Ins­ta­gram no solo sabía que había usua­rios meno­res de 13 años, sino que la com­pa­ñía bus­có agre­si­va­men­te reclu­tar­los para la pla­ta­for­ma». Y, para demos­trar­lo, mos­tró ante el juez y el jura­do un «meta-docu­­me­n­­to interno de la empre­sa fecha­do en 2015, en el que se esti­ma que el 30% de los niños de 10 a 12 años en los EE. UU. usa­ban Ins­ta­gram», (eso, solo en EE.UU. son 4 millo­nes de niños en total)Y mos­tró otro docu­men­to que afir­ma­ba que «La empre­sa tenía como obje­ti­vo aumen­tar el tiem­po que los niños de 10 años pasan en Ins­ta­gram».

Mark Lanier, apor­tó más prue­bas con­tun­den­tes ante el jura­do y el juez. Mos­tró otro docu­men­to de Meta ya de 2018 que dice: «Si que­re­mos ganar en gran­de con los ado­les­cen­tes, debe­mos incor­po­rar­los como pre­ado­les­cen­tes»; Tam­bién expli­có que el obje­ti­vo, des­de la direc­ción hacia aba­jo de la empre­sa Meta «siem­pre ha sido alen­tar a los usua­rios a entrar a sus pla­ta­for­mas lo más jóve­nes posi­ble y, una vez allí, encon­trar for­mas de man­te­ner­los den­tro. A menu­do, con fun­cio­nes como «fil­tros de belle­za» que hacían que la App fue­ra más atrac­ti­va», –argu­men­tó Lanier–.

El equi­po legal de la fami­lia lla­mó a decla­rar en el jui­cio a tes­ti­gos exper­tos que des­cri­bie­ron «múl­ti­ples estu­dios que vin­cu­lan el uso regu­lar de las redes socia­les con un empeo­ra­mien­to de la depre­sión, la ansie­dad y los pro­ble­mas de ima­gen cor­po­ral». Final­men­te, Lanier hizo una sen­ci­lla pre­gun­ta a Zuc­ker­berg. Le pre­gun­tó ante el tri­bu­nal. ¿Cuan­to vale su par­ti­ci­pa­ción en Meta?; Zuc­ker­berg, con­tes­tó: «300.000 millo­nes». Debe ser cier­to. Un tes­ti­go en un jui­cio está obli­ga­do a decir ver­dad.

Mark Lanier tam­bién inte­rro­gó en el jui­cio a Cris­tos Goo­drow (vice­pre­si­den­te de inge­nie­ría de You­Tu­be, pro­pie­dad de Goo­gle), quien decla­ró que «sus pro­pios hijos usan You­Tu­be horas dia­rias y con­si­de­ra que es «bueno» para ellos. Goo­gle deci­dió pre­sen­tar un per­fil bajo en esta oca­sión y no lle­var a nin­gún más alto res­pon­sa­ble al jui­cio. Paga­rá el 30% de la con­de­na.

¿Un pun­to de infle­xión res­pec­to a la res­pon­sa­bi­li­dad en el daño de las pla­ta­for­mas? ¿Se aca­ba­rá pron­to la impu­ni­dad?

Resul­ta que aca­ba de pro­du­cir­se un nue­vo vere­dic­to en un jui­cio de Los Ánge­les, –que lle­ga al día siguien­te de hacer­se públi­co el del tri­bu­nal de Nue­vo Méxi­co–, que tam­bién ha «encon­tra­do a Meta res­pon­sa­ble por la mane­ra en que sus pla­ta­for­mas ponían en peli­gro a los niños y por expo­ner­los a mate­rial sexual­men­te explí­ci­to y al con­tac­to con depre­da­do­res sexua­les». La BBC en su infor­ma­ción cali­fi­ca el momen­to de «Pun­to de Infle­xión» en decla­ra­ción de Mike Proulx, direc­tor de inves­ti­ga­ción de Forres­ter, que ha dicho que los dos fallos de los jui­cios de for­ma con­se­cu­ti­va mar­can un «pun­to de infle­xión, en la rela­ción entre las empre­sas de redes socia­les y el públi­co». Y, aña­de que «Duran­te años se ha ido acu­mu­lan­do un sen­tir nega­ti­vo hacia las redes socia­les y aho­ra final­men­te ha esta­lla­do».

El pun­to de infle­xión cita­do está rela­cio­na­do, en pri­mer lugar, con la cita­da sen­ten­cia pio­ne­ra que con­de­na a Meta a pagar 375 millo­nes de dóla­res por no pro­te­ger a los meno­res en las redes socia­les. La sen­ten­cia afir­ma que pla­ta­for­mas como Face­book e Ins­ta­gram daña­ron la segu­ri­dad y la salud men­tal de meno­res, y esta va a ser la pri­me­ra sen­ten­cia en fir­me sobre el asun­to de las muchas que lle­ga­rán este año. El jui­cio es un caso emble­má­ti­co por­que está vin­cu­la­do a otras 1.600 deman­das simi­la­res pre­sen­ta­das por fami­lias y dis­tri­tos esco­la­res. Se espe­ra que la for­ma en que deci­da el jura­do influ­ya en las con­ver­sa­cio­nes para lle­gar a un acuer­do en todos esos casos pen­dien­tes.

Pero ¿por qué for­mu­lo la fra­se «pun­to de infle­xión» como pre­gun­ta y no como afir­ma­ción como hace la NPR? Pues por­que con­si­de­ro que hay muchos ante­ce­den­tes de impu­ni­dad de estas pla­ta­for­mas de redes socia­les. Son ya muy cono­ci­das, tam­bién, las fuer­tes denun­cias sobre las malas prác­ti­cas de Meta, hechas inclu­so en el Con­gre­so de EE.UU., por Artu­ro Béjar, exdi­rec­tor de inge­nie­ría en Meta, empre­sa pro­pie­ta­ria de Face­book e Ins­ta­gram. Decla­ró, ade­más, no hace mucho, que esta últi­ma red social no hace lo sufi­cien­te para pro­te­ger a los ado­les­cen­tes del aco­so sexual, y que «El algo­rit­mo de las redes es un cho­rro de daño direc­to al cere­bro de nues­tros hijos». Y eso no ha cam­bia­do ape­nas las cosas, de ahí mi escep­ti­cis­mo.

Si bien los deba­tes sobre la adic­ción a las redes socia­les y sus efec­tos y daños a per­so­nas vul­ne­ra­bles se han pro­lon­ga­do duran­te déca­das, ha sido nece­sa­rio que aho­ra se desa­rro­lle un jui­cio impor­tan­te y muy mediá­ti­co sobre el tema para mos­trar cla­ra­men­te la gra­ve­dad de lo que está pasan­do. La impu­ni­dad legal se ha dila­ta­do duran­te mucho tiem­po y ha teni­do lugar, en gran par­te, debi­do a un escu­do legal fede­ral que ha pro­te­gi­do a estas empre­sas de Sili­con Valley en EE.UU. Una ley cono­ci­da como Sec­ción 230 de la Ley de Decen­cia en las Comu­ni­ca­cio­nes de 1996 ha per­mi­ti­do a las empre­sas de tec­no­lo­gía digi­tal, como antes a las de tele­fo­nía fija y lue­go de tele­fo­nía móvil–, defen­der­se de deman­das por cual­quier cosa que los usua­rios publi­ca­ran en sus webs en Inter­net. Las empre­sas de redes socia­les tam­bién han gana­do bata­llas lega­les, inclui­do un caso cla­ve en el Tri­bu­nal Supre­mo, que mos­tró, –aun­que yo no estoy de acuer­do–, que la for­ma en que estas empre­sas auto­ma­ti­zan el con­te­ni­do en las pla­ta­for­mas resul­ta ser un tipo de liber­tad de expre­sión pro­te­gi­da en EE.UU.

Las malas artes y la impu­ni­dad de las empre­sas de pla­ta­for­mas en Euro­pa

Aun­que los jui­cios se están mul­ti­pli­can­do en EE.UU., estos pro­ble­mas tam­bién nos afec­tan en Euro­pa. El núme­ro de prohi­bi­cio­nes lega­les del acce­so a meno­res de 16 años de los paí­ses euro­peos sigue cre­cien­do. Ita­lia tam­bién ha pre­sen­ta­do un pro­yec­to de ley en el par­la­men­to ita­liano para impo­ner res­tric­cio­nes en redes socia­les, inclui­das las de los influen­cers (influen­cia­do­res) infan­ti­les, meno­res de 15 años. Según Reuters, Gre­cia está muy cer­ca de impo­ner una prohi­bi­ción simi­lar. Esta sema­na, Por­tu­gal pre­sen­tó una legis­la­ción que exi­ge el con­sen­ti­mien­to paren­tal para que meno­res de 16 años acce­dan a con­te­ni­dos en redes socia­les. Aus­tria tam­bién está con­tem­plan­do una prohi­bi­ción a meno­res de las redes socia­les, mien­tras que el Rei­no Uni­do ha ini­cia­do un pro­ce­so de con­sul­ta sobre el tema. Tam­bién se quie­re poner coto a los padres que sobre­ex­po­nen a sus hijos en redes socia­les. Por fin, el Gobierno se dis­po­ne a com­ba­tir el «sha­ren­ting» (tér­mino deri­va­do de la unión en inglés sha­re, com­par­tir, y paren­ting, pater­ni­dad) que es la sobre­ex­po­si­ción de los niños y niñas en redes socia­les por par­te de sus padres, madres o tuto­res lega­les. Ya era hora.

La prohi­bi­ción de las RRSS a meno­res de 16, se está ya plan­tean­do en Espa­ña. Pero no sea­mos tan exce­si­va­men­te opti­mis­tas. Pron­to vere­mos decla­ra­cio­nes con­tra estas limi­ta­cio­nes para meno­res. Muchas de esas argu­men­ta­cio­nes en con­tra de su regu­la­ción van a tener que ver con que las empre­sas de las pla­ta­for­mas glo­ba­les inten­tan man­te­ner a toda cos­ta su impu­ni­dad a nivel inter­na­cio­nal y cla­ro, tam­bién en Euro­pa. Estas empre­sas de las pla­ta­for­mas glo­ba­les tie­nen esta­cio­na­dos en Bru­se­las más lobis­tas a suel­do que miem­bros tie­ne el Par­la­men­to euro­peo. Según Kon­rad Wol­fens­tein, las cifras que ofre­cen los aná­li­sis recien­tes son impac­tan­tes. En 2025, la indus­tria digi­tal gas­tó alre­de­dor de 151 millo­nes de euros anua­les en acti­vi­da­des de lobby en Bru­se­las, una cifra récord con un aumen­to de más del 55 % con res­pec­to a 2021. No se tra­ta de un cre­ci­mien­to orgá­ni­co de una indus­tria que está expan­dien­do modes­ta­men­te su influen­cia, sino de una ofen­si­va diri­gi­da, impul­sa­da des­de el momen­to en que la UE comen­zó a con­si­de­rar seria­men­te su regu­la­ción.

Son tales los ingen­tes bene­fi­cios que toda esta estra­te­gia se sigue amplian­do por las expec­ta­ti­vas de pla­ta­for­mas Big Tech hacia los tiem­pos de la IA. Las cifras del enor­me labe­rin­to buro­crá­ti­co de Bru­se­las hablan por sí mis­mas. El sec­tor digi­tal man­tie­ne más de 890 pues­tos de lobis­ta a tiem­po com­ple­to en Bru­se­las, superan­do los 720 esca­ños del Par­la­men­to Euro­peoY 437 de estos lobis­tas poseen cre­den­cia­les que les otor­gan acce­so prác­ti­ca­men­te ili­mi­ta­do al Par­la­men­to. Tan solo en el pri­mer semes­tre de 2025, se cele­bra­ron 378 reunio­nes entre repre­sen­tan­tes de las gran­des tec­no­ló­gi­cas y los res­pon­sa­bles de la toma de deci­sio­nes de la UE para inten­tar influir a los legis­la­do­res. Esto equi­va­le a una media de más de dos reunio­nes por día labo­ra­ble. El núme­ro de empre­sas y aso­cia­cio­nes digi­ta­les regis­tra­das en el Regis­tro de Trans­pa­ren­cia de la UE aumen­tó de 565, en 2023, a 733 en 2025. Esto que pare­ce tri­vial en la prác­ti­ca, no lo es en abso­lu­to.

Ade­más, aho­ra mis­mo se están com­bi­nan­do las pla­ta­for­mas de redes socia­les –usua­rias masi­vas de IA–, en un con­tex­to en que tam­bién com­par­ten la infra­es­truc­tu­ra de los data cen­ters, en un nue­vo fren­te de la indus­tria digi­tal que yo creo ya con­fi­gu­ra­da como una autén­ti­ca indus­tria glo­bal de la adic­ción. Con infra­es­truc­tu­ras y tec­no­lo­gías comu­nes; con un comer­cio de datos de miles de millo­nes de usua­rios con los que comer­cian, –que son uno de los mayo­res nego­cios mun­dia­les hoy en día–, el alcan­ce de la ofen­si­va de lobby tec­no­ló­gi­co como fren­te de pre­sión común polí­ti­co y legis­la­ti­vo, es enor­me.

No solo es el per­so­nal; tam­bién es la inver­sión que las pla­ta­for­mas tec­no­ló­gi­cas tie­nen des­ple­ga­da como una cabe­za de puen­te, que inten­ta­rá influir con­tra cual­quier inten­to de regu­la­ción en Euro­pa, don­de no rige, como en EE.UU, la Sec­ción 230 de la Ley de Decen­cia en las Comu­ni­ca­cio­nes de 1996. Como recuer­da en su infor­me Wol­fens­tein, las cifras hablan por sí solas, y los datos del Regis­tro de Trans­pa­ren­cia de la UE reve­lan una his­to­ria cla­ra.

Las empre­sas con­de­na­das en el cita­do jui­cio de EE.UU. que he des­cri­to, son las mis­mas que están com­ple­ta­men­te vol­ca­das en pre­sio­nar en Bru­se­las sobre los legis­la­do­res euro­peos. Meta, la empre­sa matriz de Face­book, Ins­ta­gram y WhatsApp, es, con dife­ren­cia, la com­pa­ñía tec­no­ló­gi­ca más influ­yen­te en Bru­se­las, don­de gas­ta anual­men­te en lobby de alre­de­dor de diez millo­nes de euros. Estas empre­sas invier­ten, en con­jun­to, más de 35 millo­nes de euros para influir en el pro­ce­so polí­ti­co y los legis­la­do­res de la UE. Son cifras que están más allá de cual­quier comen­ta­rio. La mayor indus­tria de la adic­ción digi­tal tam­bién es la que mas invier­te en lobis­tas en la capi­tal de Euro­pa. Aún, hoy por hoy, los meno­res de Euro­pa siguen inde­fen­sos con­tra esta indus­tria glo­bal de la adic­ción.

¡No hay dere­cho! Con­tra las nubes y la domi­na­ción tec­no­feu­dal

Por eso pon­go la afir­ma­ción de Mike Proulx, direc­tor de inves­ti­ga­ción de Forres­ter, entre inte­rro­ga­cio­nes. ¡Oja­lá Proulx acier­te! y, tras lo que está pasan­do con los jui­cios, espe­re­mos que ocu­rra cuan­to antes, de ver­dad, ese pun­to de infle­xión en el com­por­ta­mien­to de las empre­sas due­ñas de las pla­ta­for­mas de redes socia­les. Pero lo dudo mucho. Por eso apo­yo las tesis del más recien­te libro del filó­so­fo Javier Eche­ve­rría. Su títu­lo lo dice todo: «¡No hay dere­cho!» y su sub­tí­tu­lo tam­bién: «Con­tra las Nubes y la domi­na­ción tec­no­feu­dal». Es un libro que con­si­de­ro de obli­ga­da lec­tu­ra. Des­de hace muchos años Javier lla­ma Seño­res del Aire, o de Las Nubes, o tec­no­feu­da­les, a mag­na­tes como los que gobier­nan las empre­sas tecno-feu­­da­­les y cuyos jefes, como Mark Zuc­ker­berg o Adam Mos­se­ri, han teni­do que com­pa­re­cer antes el juez y el jura­do. Así, al menos, les pone­mos cara.

Se supo­ne que, en las demo­cra­cias, nos asis­te el dere­cho. A ver si entre todos, jue­ces, jura­dos y, sobre todo, usua­rios de las redes socia­les, hace­mos reali­dad el cita­do pun­to de infle­xión y devol­ve­mos el uso de las redes socia­les a algo pare­ci­do a la mara­vi­lla que fue­ron esas tec­no­lo­gías al prin­ci­pio cuan­do eran bien usa­das, no ras­trea­ban al usua­rio y no pro­mo­vían su adic­ción. Estos usos y esas tram­pas que están impo­nien­do hoy los actua­les seño­res tecno-feu­­da­­les sobre todo a niños y ado­les­cen­tes, aun­que no sólo, no tie­nen por qué ser inevi­ta­bles. Las redes socia­les tam­po­co son algo deter­mi­nis­ta. Debe­ría­mos recu­pe­rar el espa­cio de liber­tad que nos die­ron al prin­ci­pio las redes socia­les y sacar de sus usos los per­ver­sos meca­nis­mos de adic­ción. ¿Sería posi­ble? Tal vez lo sea. Y ¿Por­qué no? Si los usua­rios la aban­do­na­ran, cual­quier red social se que­da­ría en nada. Se supo­ne que nadie nos obli­ga a seguir ahí. Solo la adic­ción. No es fácil, pero, en reali­dad, aun­que pare­ce­mos no sos­pe­char­lo, depen­de solo de noso­tros ven­cer­la.

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