Adol­fo Pla­sen­cia, 27 de abril de 2026

 

Ima­gen supe­rior: Las aulas han sido tam­bién inva­di­das por el poder de los Data Cen­ter de la IA. AP

Aca­ba­mos de cele­brar hace muy pocos días, el 23 de abril, que se con­me­mo­ró el Día Mun­dial del Libro en más de 100 paí­ses, con el obje­ti­vo de fomen­tar la lec­tu­ra, la indus­tria edi­to­rial y la pro­tec­ción de la pro­pie­dad inte­lec­tual por medio del dere­cho de autor. Es una con­me­mo­ra­ción inter­na­cio­nal pro­mo­vi­da por la UNESCO. El 15 de junio de 1989 se ini­ció en varios paí­ses, para expan­dir la lec­tu­ra. En 2010 la cele­bra­ción ya se rea­li­za en más de cien. Se tra­ta de un día sim­bó­li­co para la lite­ra­tu­ra mun­dial, ya que ese día, en 1616, falle­cie­ron Cer­van­tes, el Inca Gar­ci­la­so de la Vega y Sha­kes­pea­re (Cer­van­tes en reali­dad murió el 22, pero fue ente­rra­do el 23, y en cuan­to a Sha­kes­pea­re, ese 23 de abril corres­pon­de al calen­da­rio juliano, vigen­te aún en la Ingla­te­rra jaco­bi­na). El Día Inter­na­cio­nal del Libro se creó en honor a estos auto­res falle­ci­dos. La doc­tri­na ofi­cial de la Con­fe­ren­cia Gene­ral de la UNESCO, cele­bra­da en París en 1995, dice que el moti­vo de esta con­me­mo­ra­ción es ren­dir un home­na­je uni­ver­sal a los libros y auto­res en esta fecha, alen­tan­do a todos, y en par­ti­cu­lar a los jóve­nes, a des­cu­brir el pla­cer de la lec­tu­ra y a valo­rar las irrem­pla­za­bles con­tri­bu­cio­nes de aque­llos quie­nes han impul­sa­do el pro­gre­so social y cul­tu­ral de la huma­ni­dad. Ade­más, la UNESCO, fun­dó el Día Mun­dial del Libro y le aso­ció a la fecha el día del Dere­cho de Autor.

Pues bien, en mi caso, con­si­de­ro al libro como un obje­to e ins­tru­men­to de trans­mi­sión de cono­ci­mien­to y cul­tu­ra. Tam­bién lo aso­cio a las biblio­te­cas, al apren­der y a la docen­cia que siem­pre he cono­ci­do, basa­da en él, como ins­tru­men­to de apo­yo prin­ci­pal para maes­tros y docen­tes. Pero tam­bién como un arte­fac­to de per­ma­nen­cia y de con­ser­va­ción intem­po­ral del cono­ci­mien­to y la cul­tu­ra. Esto ha sido así, ofi­cial­men­te, des­de la cons­truc­ción de las dos más céle­bres biblio­te­cas de la anti­güe­dad: la Biblio­te­ca de Ale­jan­dría, pues­ta en mar­cha en Egip­to, en el s. III a.C., impul­sa­da por el gene­ral ale­jan­drino auto-pro­­cla­­ma­­do faraón Pto­lomeo I Soter, den­tro del Museion de Ale­jan­dría, que lle­gó a alber­gar más de 500.000 rollos de papi­ro, sien­do el epi­cen­tro del saber cien­tí­fi­co y lite­ra­rio; ins­ti­tu­ción del saber que tuvo su prin­ci­pal rival en la Biblio­te­ca de Pér­ga­mo tam­bién cons­trui­da en el III a.C., famo­sa por alber­gar entre 200.000 y 300.000 rollos y por la gran pro­duc­ción de per­ga­mi­nos obje­to al que dió su nom­bre.

Han pasa­do des­de enton­ces vein­ti­cua­tro siglos y des­de enton­ces, inin­te­rrum­pi­da­men­te, y poten­cia­do más tar­de por el inven­to de la impren­ta de tipos móvi­les per­fec­cio­na­da por Johan­nes Guten­berg hacia 1450 en la Magun­cia (Ale­ma­nia) del siglo XIV, es un lugar común casi uni­ver­sal decir que los libros, sobre todo a par­tir de ese momen­to, revo­lu­cio­na­ron la difu­sión del cono­ci­mien­to, al per­mi­tir el inven­to de Guten­berg la pro­duc­ción masi­va de libros, aba­ra­tan­do con ello los cos­tes de su pro­duc­ción y demo­cra­ti­zan­do el acce­so a la infor­ma­ción. Por eso el libro gene­ra­do por la impren­ta es un ins­tru­men­to ase­qui­ble y herra­mien­ta fun­da­men­tal de la cul­tu­ra y de la ense­ñan­za como ascen­sor social.

¿Por­qué hago todo este excur­so his­tó­ri­co en rela­ción al títu­lo que enca­be­za este artícu­lo? Pues por­que la cita­da cele­bra­ción es un día de ale­gría para mí y por­que pien­so que el libro y la pro­fe­sión de ense­ñar son, en mi opi­nión, una de las mejo­res cosas de las que aún hoy en día se pue­den ale­grar de haber hecho los seres huma­nos. Tam­bién hay otra razón más inme­dia­ta y urgen­te. Y es que el libro y su fun­ción prin­ci­pal en la docen­cia, la ense­ñan­za y el apren­di­za­je se está ponien­do últi­ma­men­te en cues­tión por la irrup­ción del rela­to digi­tal de los usos de nue­vas tec­no­lo­gías, como si libro y tec­no­lo­gía fue­ran anta­gó­ni­cos; y como si tam­bién  lo fue­ran docen­cia y apren­di­za­je con el uso de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial y su for­ma más popu­lar de acce­so al públi­co, los Chat­bots con­ver­sa­cio­na­les, que ya hay quien ha augu­ra­do impru­den­te­men­te que serán un sus­ti­tu­to tec­no­ló­gi­co que redu­ci­rá la docen­cia, a los docen­tes, y a su papel o el de la ense­ñan­za, tal como la cono­cía­mos, como algo inne­ce­sa­rio.

O como si la ense­ñan­za se hubie­ra con­ver­ti­do, de pron­to, gra­cias a la mal lla­ma­da inte­li­gen­cia arti­fi­cial, en una espe­cie de infor­má­ti­ca pre­sa de la corro­si­va y des­truc­ti­va obso­les­cen­cia pro­gra­ma­da, por obra de los nue­vos cha­ma­nes digi­ta­les de la IA. Ellos, que impul­san una pro­pa­gan­da tota­li­ta­ria, sí están pre­sos de algo muy sim­ple, anti­guo y tam­bién humano: una ava­ri­cia y una codi­cia sin lími­tes. Esta últi­ma afir­ma­ción que estoy dicien­do podría pare­cer exa­ge­ra­da, pero no lo es. Está suce­dien­do. El esta­men­to docen­te que ha ejer­ci­do y ejer­ce uno de los ofi­cios más nobles que pue­da desem­pe­ñar per­so­na huma­na, es sen­si­ble y está sufrien­do de fac­to, en su papel indi­vi­dual y social, ata­ques que hace poco hubié­ra­mos con­si­de­ra­do impo­si­bles. Prue­ba de ello son muchas cosas que suce­den hoy, y cier­tos impro­ba­bles tex­tos tec­no­ló­gi­cos que cier­tos orácu­los están mos­tran­do al res­pec­to en el pano­ra­ma infor­ma­ti­vo, que se atre­ven a ello, y algu­nos de cuyos ejem­plos aho­ra deta­lla­ré.

Los pro­fe­so­res no están bien con IA y Chat GPT

El títu­lo de este epí­gra­fe es una ver­sión exten­di­da del mis­mo con el que el pres­ti­gio­so co-fun­­da­­dor de 404 Media y ana­lis­ta tec­no­ló­gi­co Jason Koe­bler, titu­ló un infor­me publi­ca­do ya en junio del año pasa­do, en el que incluía una serie de opi­nio­nes con las que varios pro­fe­so­res y pro­fe­so­ras des­cri­bían el impac­to que la explo­sión del uso masi­vo del más famo­so Chat­bot de IA, esta­ba cau­san­do en su vida coti­dia­na como docen­tes. Y es un impac­to múl­ti­ple del tipo por com­pa­rar, en el peor sen­ti­do, con la explo­sión de las bom­bas de raci­mo que la actual eta­pa de auge béli­co en el mun­do de aho­ra ha pues­to des­gra­cia­da­men­te de moda. Es una explo­sión con­tra el papel de los pro­fe­so­res, sus obje­ti­vos docen­tes y con­tra la tran­qui­li­dad que antes de ese nefan­do esta­lli­do, carac­te­ri­za­ba la vida esco­lar y los luga­res de apren­di­za­je en cual­quier nivel de ense­ñan­za.

 En su infor­me, Koe­bler cuen­ta cómo fue su apro­xi­ma­ción al uni­ver­so docen­te para rea­li­zar su infor­me sobre ello. En su intro­duc­ción, rela­ta que, sos­pe­chan­do lo peor: «el mes pasa­do, escri­bí un artícu­lo sobre cómo las escue­las no esta­ban pre­pa­ra­das para [el uso masi­vo de] ChatGPT y otras herra­mien­tas de IA gene­ra­ti­va, basán­do­me en miles de pági­nas de regis­tros públi­cos que obtu­ve de cuan­do se lan­zó ese Chat­bot. Como par­te de ese artícu­lo, pedí a los docen­tes que me con­ta­ran cómo la IA había cam­bia­do su for­ma de ense­ñar. «La res­pues­ta de docen­tes y pro­fe­so­res, –expli­ca–, fue abru­ma­do­ra. En toda mi carre­ra de ana­lis­ta tec­no­ló­gi­co, rara vez he reci­bi­do tan­tas res­pues­tas por correo elec­tró­ni­co a un solo artícu­lo, y nun­ca he reci­bi­do res­pues­tas tan refle­xi­vas y com­ple­tas». Y a con­ti­nua­ción, a modo de con­clu­sión, titu­la con una fra­se lapi­da­ria muy sig­ni­fi­ca­ti­va, para pre­pa­rar al lec­tor sobre su infor­me sobre las opi­nio­nes de pro­fe­so­res que va a leer a con­ti­nua­ción. La fra­se dice: «Una cosa está cla­ra: los docen­tes no están bien».

Koe­bler, actúa a lo lar­go del desa­rro­llo de su infor­me con extre­mo cui­da­do, ya que pro­fe­so­res y docen­tes están reci­bien­do un impac­to enor­me con ello en su día a día, y no sólo en su rela­ción con alum­nos y alum­nas, sino tam­bién en la que tie­nen con las auto­ri­da­des aca­dé­mi­cas de las ins­ti­tu­cio­nes de ense­ñan­za en las que tra­ba­jan entre los que hay opi­nio­nes fuer­te­men­te encon­tra­das. El ana­lis­ta ha cul­mi­na­do con este tex­to, una inten­sa y lar­ga explo­ra­ción del mun­do de la ense­ñan­za en la que, como lue­go mos­tra­ré, hay ejem­plos del cita­do impac­to des­truc­tor de la IA en la vida y la docen­cia de varios nive­les de ense­ñan­za. Esto suce­de en un con­tex­to de masi­va pro­pa­gan­da a la que sucum­ben com­ple­ta­men­te, tec­nó­fi­los, fans, foro­fos y cre­yen­tes de la IA, que opi­nan lo con­tra­rio de lo que aca­bo de decir. Pero pre­fie­ro que el lec­tor lea las pala­bras con­cre­tas que los docen­tes han con­fe­sa­do a Koe­bler, y tam­bién en otros casos, y que sea él mis­mo, quien se haga su pro­pia com­po­si­ción de lugar.

Aun­que, antes de entrar en ellas, quie­ro des­ta­car una obser­va­ción que pue­de acla­rar mi opi­nión crí­ti­ca, como mar­co pre­vio y que pue­de des­cri­bir algo ya común en rela­ción al uso de los Chat­bots como Chat GPT, etc. en la vida del mun­do de la ense­ñan­za por par­te de alum­nos y pro­fe­so­res. No es que la IA y sus Chat­bots hayan entra­do en las cla­ses como ele­fan­te en cacha­rre­ría en las aulas y sus pro­ce­sos; sino ha entra­do como ele­fan­te en cacha­rre­ría, en toda la vida de los alum­nos; no solo en el tiem­po de sus cla­ses. Así que el uso de los Chat­bots, como lue­go expli­ca­ré, no se limi­ta a inva­dir sus tra­ba­jos como alum­nos, sino que ha inva­di­do su vida de for­ma ubi­cua (en todo momen­to y lugar), es decir, de su tra­ba­jo en cla­se y en sus debe­res, pero tam­bién en el res­to de su vida per­so­nal y emo­cio­nal.

Las empre­sas que ven­den los Chat­bots han pre-pro­­gra­­ma­­do en ellos unos com­por­ta­mien­tos, –son máqui­nas de soft­wa­re y por tan­to tie­nen com­por­ta­mien­to y no con­duc­ta, no son huma­nos–, y obje­ti­vos que con­ver­gen en maxi­mi­zar su uso por los usua­rios median­te tram­pas cog­ni­ti­vas y tec­no­ló­gi­cas, pre-pro­­gra­­ma­­das con las que indu­cir una adic­ción con­ti­nua­da y a gran esca­la. Aun­que el ana­lis­ta que ini­cial­men­te estoy citan­do des­cri­be en su infor­me opi­nio­nes y vidas de docen­tes y alum­nos, el mun­do de la uni­ver­si­dad es sólo uno de los terri­to­rios de la ense­ñan­za inva­di­dos. Y me reite­ro, esta inva­sión tec­no­ló­gi­ca no solo ocu­rre en las aulas, sino tam­bién en todas sus vidas. Con­vie­ne tener­lo en cuen­ta. Aho­ra, en ese espa­cio vital inva­di­do den­tro de lo docen­te vere­mos, para empe­zar, casos con­cre­tos que des­cri­be el ana­lis­ta con amplia cru­de­za y des­car­na­da sin­ce­ri­dad por par­te de los docen­tes opi­nan­tes.

Koe­bler advier­te sobre el con­tex­to, antes de publi­car en 404Media las pala­bras con­cre­tas con las que los docen­tes des­cri­ben su situa­ción como maes­tros dicien­do: «Algu­nos pro­fe­so­res acep­ta­ron que sus res­pues­tas se publi­ca­ran ofi­cial­men­te jun­to con sus nom­bres. Otros pidie­ron man­te­ner su ano­ni­ma­to por­que su escue­la o dis­tri­to esco­lar les prohí­be hablar con la pren­sa». Des­pués de su adver­ten­cia, empie­za a des­gra­nar las opi­nio­nes de algu­nos que no pidie­ron el ano­ni­ma­to. Ini­cio el rela­to con ellas.

Para empe­zar, está, por ejem­plo, la del pro­fe­sor Robert W. Gehl, titu­lar de la Cáte­dra Onta­rio de Inves­ti­ga­ción sobre Gober­nan­za Digi­tal para la Jus­ti­cia Social en la Uni­ver­si­dad de York en Toron­to. Dice lite­ral­men­te el pro­fe­sor Gehl, en pala­bras que más que una opi­nión, son una refle­xión: «…las herra­mien­tas de IA ya son omni­pre­sen­tes. For­mo par­te de comi­tés de hones­ti­dad aca­dé­mi­ca y el núme­ro de casos de estu­dian­tes que han admi­ti­do que usar estas herra­mien­tas para hacer tram­pa en sus tra­ba­jos, se ha dis­pa­ra­do. Creo que la IA gene­ra­ti­va es increí­ble­men­te per­ju­di­cial para la ense­ñan­za de nues­tros estu­dian­tes uni­ver­si­ta­rios. Les pedi­mos que lean, refle­xio­nen, escri­ban y deba­tan ideas. Todo esto con el obje­ti­vo de ayu­dar­los a for­mar­se como ciu­da­da­nos crí­ti­cos. La IA gene­ra­ti­va pue­de simu­lar todos los pasos: pue­de resu­mir lec­tu­ras, extraer con­cep­tos cla­ve, redac­tar tex­tos e inclu­so gene­rar ideas para deba­tir. Pero eso sería –según una com­pa­ra­ción muy fre­cuen­te–, como ir al gim­na­sio y pedir­le a un robot que levan­te pesas por ti…».

 Y aña­de: «Nece­si­ta­mos repen­sar la edu­ca­ción supe­rior, la cali­fi­ca­ción, todo el asun­to. Creo que par­te del pro­ble­ma radi­ca en la incon­sis­ten­cia en las nor­mas sobre el uso de la AI gene­ra­ti­va (genAI) –el tipo de la IA con que fun­cio­nan los Chat­bot con­ver­sa­cio­na­les como el Chat GPT y sus con­gé­ne­res digi­ta­les–. Algu­nos pro­fe­so­res los prohí­ben por com­ple­to, mien­tras que otros inten­tan esta­ble­cer usos acep­ta­bles. El pro­ble­ma radi­ca en lo borro­so de la línea entre un uso acep­ta­ble y uno inacep­ta­ble. Por ejem­plo, algu­nos pro­fe­so­res dicen que los estu­dian­tes pue­den usar genAI para la gene­ra­ción sin­té­ti­ca de ideas, pero lue­go prohí­ben su uso para escri­bir tex­tos. ¿Dón­de está la línea entre ambos?», –se pre­gun­ta–.

Des­pués, entra en los pro­ble­mas del impac­to de la genAI en el ámbi­to ins­ti­tu­cio­nal uni­ver­si­ta­rio y aña­de: «…Ade­más, las uni­ver­si­da­des con­tra­tan ser­vi­cios digi­ta­les con empre­sas como Micro­soft, Ado­be y Goo­gle, –y Open AI o Anth­ro­pic–, y estas empre­sas pro­mo­cio­nan cons­tan­te e inva­si­va­men­te sus herra­mien­tas de IA. Por ejem­plo, un estu­dian­te pue­de escu­char «no uses IA gene­ra­ti­va» de un pro­fe­sor, pero lue­go acce­de a la sui­te infor­má­ti­ca de Micro­soft de la uni­ver­si­dad, que le sugie­re usar Copi­lot para resu­mir lec­tu­ras o ayu­dar con los borra­do­res. Todo eso es incon­sis­ten­te y con­fu­so». A con­ti­nua­ción, el pro­fe­sor Gehl se sin­ce­ra cru­da­men­te, adop­tan­do en su rela­to la pri­me­ra per­so­na, y valo­ra su situa­ción per­so­nal, inclui­das sus con­tra­dic­cio­nes en rela­ción al impac­to de la IA en su acti­vi­dad docen­te, con las siguien­tes pala­bras, que cito lite­ral­men­te:

«…He esta­do tra­ba­jan­do en mil mane­ras de aumen­tar la can­ti­dad de deba­tes en cla­se. Pero es com­pli­ca­do por­que es difí­cil cali­fi­car los deba­tes en cla­se; es mucho más fácil ges­tio­nar archi­vos digi­ta­les. Otra opción sería hacer ensa­yos escri­tos a mano en cla­se, pero me cues­ta pedír­se­lo a mis alum­nos. Ya casi no escri­bo a mano, así que ¿por qué iba a exi­gir­les que ellos lo hicie­ran?…

…Me sien­to mal al escri­bir esto por­que he pasa­do 20 años desa­rro­llan­do una peda­go­gía que se cen­tra en lidiar con gran­des ideas a tra­vés de la escri­tu­ra y el deba­te, y todo ese pro­yec­to ha sido eva­po­ra­do por cor­po­ra­cio­nes con fines de lucro que cons­tru­ye­ron sus sis­te­mas con tra­ba­jo roba­do. Es des­mo­ra­li­zante…

La IA ha difi­cul­ta­do muchí­si­mo mi tra­ba­jo. No per­mi­to genAI en mis cla­ses. Sin embar­go, como el Chat­bot de genAI es tan bueno gene­ran­do tex­tos que sue­nan plau­si­bles, esa prohi­bi­ción me pone en una situa­ción muy incó­mo­da. Si quie­ro hacer cum­plir mi prohi­bi­ción, ten­dría que dedi­car horas de inves­ti­ga­ción (ya que no hay for­mas fia­bles de detec­tar com­ple­ta­men­te el uso de genAI); des­pués, lla­mar a los estu­dian­tes a mi ofi­ci­na para con­fron­tar­los, y final­men­te com­ple­tar el pape­leo y asis­tir a muchas audien­cias dis­ci­pli­na­rias. Todo ese tra­ba­jo se rea­li­za para des­cu­brir a los estu­dian­tes que hacen tram­pa, así que tene­mos menos tiem­po para ayu­dar a los que son hones­tos que están ahí y quie­ren apren­der y cre­cer. Y, de todos modos, solo podría encon­trar un peque­ño por­cen­ta­je de los casos…».

Y con­clu­ye entris­te­ci­do:

«…Hones­ta­men­te, si expul­sá­ra­mos a todas las herra­mien­tas genAI al sol, –fue­ra del aula–, esta­ría bas­tan­te satis­fe­cho».

Más ade­lan­te, en el rela­to de su infor­me, Koe­bler, –con áni­mo de ser obje­ti­vo y equi­li­bra­do, y no ser tecno-apo­­ca­­lí­p­­ti­­co, ya que él lide­ra un pres­ti­gio­so medio, 404Media, que tra­ta cons­tan­te­men­te de las últi­mas nove­da­des de tec­no­lo­gía–, inclu­ye muchas más opi­nio­nes, para todas las que no hay espa­cio aquí, pero al menos seña­la­ré otras dos. La pri­me­ra, la de Ben Prytherch, pro­fe­sor de Esta­dís­ti­ca, que pre­fie­re opi­nar como docen­te, pero sin nom­brar a la ins­ti­tu­ción en la que tra­ba­ja. Y tam­bién adop­ta la pri­me­ra per­so­na. Y des­cri­be su expe­rien­cia per­so­nal así:

«El uso de los Mode­los LLM [ y los Chat­bot que ellos ali­men­tan] está muy exten­di­do, pero aún no es omni­pre­sen­te. Aun­que nun­ca pue­do saber con cer­te­za si alguien usó IA, es bas­tan­te fácil saber cuán­do no lo hizo, a menos que sea lo sufi­cien­te­men­te astu­to como para aña­dir inten­cio­nal­men­te erro­res gra­ma­ti­ca­les y orto­grá­fi­cos o fra­ses extra­ñas. Hay muchos estu­dian­tes que no los usan, y muchos que sí».

Des­pués des­cri­be en deta­lle sus sen­sa­cio­nes inten­tan­do ver el lado bueno de la expe­rien­cia y sal­var­la:

«Los LLM, –o Chat­bot con­ver­sa­cio­na­les–, han cam­bia­do mi for­ma de asig­nar tareas, pero no me he adap­ta­do tan rápi­do como me gus­ta­ría y sé que algu­nos estu­dian­tes son capa­ces de hacer tram­pa. El cam­bio más obvio es que he pasa­do a la redac­ción en cla­se para las tareas que se basan estric­ta­men­te en la escri­tu­ra. Aho­ra los ensa­yos se escri­ben en cla­se y se tra­tan como exá­me­nes par­cia­les. Mis exá­me­nes tam­bién se hacen en cla­se. Esto requie­re más tra­ba­jo de cali­fi­ca­ción, pero me ale­gro de haber­lo hecho, y me aver­güen­za un poco que haya teni­do que recu­rrir a ChatGPT para obli­gar­me a lo que aho­ra con­si­de­ro un cam­bio posi­ti­vo…

…Pen­sar el pasar a la redac­ción en cla­se me ha hecho plan­tear­me rea­li­zar exá­me­nes ora­les, algo que nun­ca he hecho. Sería un gran paso, pero pro­ba­ble­men­te posi­ti­vo y huma­ni­za­dor».

Sin embar­go, y esto es muy fre­cuen­te en las opi­nio­nes de los docen­tes que hablan en el infor­me, el pro­fe­sor de Esta­dís­ti­ca Ben Prytherch, per­ci­be que tie­ne serias dudas en rela­ción a la hones­ti­dad de las acti­vi­da­des tan­to docen­tes y de cali­fi­ca­cio­nes como en las de apren­di­za­je por par­te de los alum­nos. Y ade­más se sabe, –como todos los pro­fe­so­res y los impac­ta­dos tam­bién por los luga­res comu­nes de la pro­pa­gan­da de las empre­sas tec­no­ló­gi­cas y de IA–, casi los lemas que reite­ran las empre­sas de IA una y otra vez y por todos los medios posi­bles y has­ta la sacie­dad;… que la IA es el futu­ro tam­bién en la edu­ca­ción; que quién no la use se que­da­rá atrás: y que quién no domi­ne su uso que­da­rá en des­ven­ta­ja. Esta pode­ro­sa pro­pa­gan­da que lo inva­de todo, pare­ce afec­tar tam­bién a las opi­nio­nes y cri­te­rios de Prytherch, y es algo que pare­ce dedu­cir­se de la con­clu­sión de su opi­nión en el infor­me. Que cul­mi­na así:

«…Pero tam­bién está el pro­ble­ma de la inte­gri­dad y la equi­dad aca­dé­mi­cas. No quie­ro que los estu­dian­tes que no usan un Mode­lo Lin­güís­ti­co LLM o un Chat­Bot tipo Chat GPT, se vean en des­ven­ta­ja o que­den atrás. Pero, cla­ro, por supues­to, no quie­ro dar bue­nas cali­fi­ca­cio­nes a estu­dian­tes que, en reali­dad, no hacen nada. El uso de un Chat­bot de LLM es difí­cil de super­vi­sar.… Por últi­mo, no ten­go pacien­cia con todo ese rollo de…  La IA es el futu­ro, así que hay que incor­po­rar­la en el aula, inclu­so cuan­do no pro­vie­ne de per­so­nas intere­sa­das en el sec­tor tec­no­ló­gi­co. Nadie sabe qué nos depa­ra el futu­ro, e inclu­so si fue­ra una bue­na idea ense­ñar a los estu­dian­tes a incor­po­rar la IA en esto o aque­llo, –y, final­men­te, emer­ge su gran duda–, ¿en qué medi­da esta­mos los pro­fe­so­res cua­li­fi­ca­dos?»

Hay muchas más opi­nio­nes en el infor­me de pro­fe­so­res uni­ver­si­ta­rios y de fue­ra de la uni­ver­si­dad. Casi todos inten­tan ser posi­ti­vos y todos quie­ren ser jus­tos y ecuá­ni­mes, pero tam­bién que los alum­nos y alum­nas sean hon­ra­dos y les intran­qui­li­za mucho no estar segu­ros de saber quién y quién no en el alum­na­do hace tram­pa usan­do la IA y el Chat GPT, ya que no dis­po­nen de tiem­po ni de medios sufi­cien­tes para pillar a todo el que haga tram­pa con la IA, a pesar de que hay muchas y gran­des sos­pe­chas y sín­to­mas. No olvi­de­mos que al desa­rro­llo de toda la IA Gene­ra­ti­va de los LLM, empe­zan­do por la del Chat GPT, le pre­ce­de un gigan­tes­co latro­ci­nio a millo­nes de auto­res huma­nos. Sin ese robo pre­vio no hubie­ran podi­do entre­nar las IA y, sin eso, no exis­ti­rían. Es decir, a toda esta IA le pre­ce­de una enor­me tram­pa. Se podría decir que entre las sus­tan­cias cons­ti­tu­yen­tes de los LLM está la de la tram­pa. For­ma par­te de su natu­ra­le­za, como ha demos­tra­do el juez de la con­de­na a la empre­sa de IA Anth­ro­pic a pagar 1.500 millo­nes de dóla­res en total, a los miles de auto­res de, cuyos libros, la empre­sa reco­no­ce que se apro­pió, sin pedir per­mi­so a nin­guno de ellos. Lo sé de bue­na tin­ta, nun­ca mejor dicho, por­que entre ellos está un libro del que soy autor.

Y entre el pro­fe­so­ra­do y los docen­tes hay todo tipo de actua­cio­nes en la prác­ti­ca, casi siem­pre con la mejor inten­ción. Entre ellas, las hay muy aser­ti­vas, como se lee en el mis­mo infor­me de Jason Koe­bler. Por ejem­plo, la opi­nión de la pro­fe­so­ra Kate Con­roy, que ense­ña inglés de 12.º gra­do, Len­gua y Com­po­si­ción Avan­za­da y Perio­dis­mo en un ins­ti­tu­to de secun­da­ria públi­co del oes­te de Fila­del­fia, que es muy sig­ni­fi­ca­ti­va. Se podría resu­mir con las siguien­tes fra­ses en las que es dura y sin­ce­ra:

«…Al prin­ci­pio de este año esco­lar, me horro­ri­cé al des­cu­brir que tenía que com­ple­tar una capa­ci­ta­ción onli­ne que fomen­ta­ba el uso de IA para pro­fe­so­res y alum­nos. Conoz­co a pro­fe­so­res en mi Escue­la que usan IA para redac­tar sus pla­nes de cla­se y dar retro­ali­men­ta­ción sobre el tra­ba­jo de los alum­nos. Tam­bién conoz­co a muchos pro­fe­so­res que no se dan cuen­ta de que un alumno ha usa­do IA para escri­bir un ensa­yo y disi­mu­lan, o no les impor­ta lo sufi­cien­te como para dis­cu­tir y enfren­tar­se con esos alum­nos que lo hacen y así meter­se en pro­ble­mas».

Y lue­go advier­te:

«Me nie­go a usar IA por prin­ci­pio, excep­to una vez el año pasa­do, cuan­do qui­se pro­bar­la para ver qué podía y qué no podía hacer, para poder estruc­tu­rar mis indi­ca­cio­nes y con­tra­rres­tar­la. Apren­dí que, al menos el año pasa­do por estas fechas, que, en pre­gun­tas de aná­li­sis lite­ra­rio, el ChatGPT inven­ta com­ple­ta­men­te citas que apa­ren­tan estar rela­cio­na­das con los temas de los libros y no pue­de nume­rar las pági­nas correc­ta­men­te. Por suer­te, he ense­ña­do los mis­mos libros duran­te muchos años segui­dos y pue­do iden­ti­fi­car al ins­tan­te citas y pági­nas inco­rrec­tas. Es una satis­fac­ción devol­ver­le el ensa­yo a un estu­dian­te y decir­le: No encuen­tro esta cita en el libro, ¿me la pue­des encon­trar? Mien­tras tan­to, sé per­fec­ta­men­te que no pue­den».

Y aña­de, doli­da:

«Doy cla­ses a chi­cos de 18 años con nive­les de lec­tu­ra que van des­de pre­es­co­lar has­ta la uni­ver­si­dad, pero la mayo­ría se encuen­tra en la mitad infe­rior de ese ran­go. Estoy com­ple­ta­men­te des­tro­za­da por lo que la IA y las redes socia­les les han hecho».

Tam­bién se refie­re a su fami­lia, no solo a sus alum­nos. Se sin­ce­ra com­ple­ta­men­te y dice a las cla­ras:

«Mis hijos ya no pien­san. No tie­nen intere­ses. Lite­ral­men­te, cuan­do les pre­gun­to qué les intere­sa, muchos no pue­den nom­brar nada. Inclu­so mis hijos más inte­li­gen­tes insis­ten en que ChatGPT es bueno, si se usa correc­ta­men­te. Enton­ces, les pre­gun­to a la cara: ¿Cómo se usa correc­ta­men­te enton­ces? No pue­den res­pon­der a la pre­gun­ta. Care­cen de ideas ori­gi­na­les. Sim­ple­men­te repi­ten como loros lo que han oído en Tik­Tok…».

Y, dis­gus­ta­da, con­clu­ye:

«No entien­den lo que les pre­gun­to. Se me rom­pe el cora­zón por ellos y, sin­ce­ra­men­te, me difi­cul­ta seguir ense­ñan­do. Si renun­cia­ra, sería por cómo acep­tar que la tec­no­lo­gía ha atro­fia­do el cre­ci­mien­to de los niños y lo difí­cil que se ha vuel­to lle­gar a ellos, debi­do a eso…»

Des­pués, diri­gién­do­se a todos los adul­tos de su gene­ra­ción, hace una dolo­ro­sa auto­crí­ti­ca como miran­do a los ojos de todos los coe­tá­neos razo­na­bles de su gene­ra­ción y tam­bién a sus cole­gas y, con­clu­ye, dicién­do­les:

«…Solo ten­go 30 años. Me que­da un lar­go camino por delan­te has­ta la jubi­la­ción. Pero es muy difí­cil pedir­les a los niños que apren­dan, lean y escri­ban, cuan­do tan­tos adul­tos ya no se esfuer­zan por ase­gu­rar­se de que real­men­te apren­dan, lean y escri­ban. Y lo entien­do. Ese tra­ba­jo se ha vuel­to de repen­te muy difí­cil. Real­men­te no es jus­to para noso­tros. Pero si no esta­mos dis­pues­tos a hacer­lo, no debe­ría­mos estar en el aula».

Hay una enor­me mul­ti­tud de dife­ren­tes acti­tu­des en el mun­do de la ense­ñan­za don­de en este casi súbi­to tsu­na­mi de la IA gene­ra­ti­va y los Chat­bot que se ha des­plo­ma­do sobre el inmen­so mun­do de la ense­ñan­za. Lo ha hecho trá­gi­ca­men­te, como una pla­ga bíbli­ca, como una inmen­sa tor­men­ta de pedris­co a la que es casi impo­si­ble enfren­tar­se y de la que no ha habi­do tiem­po mate­rial para poner­se a cubier­to, muchos de ellos y ellas, per­so­nas voca­cio­na­les, están inten­tan­do inte­grar las supues­tas y espe­ra­das opor­tu­ni­da­des y bon­da­des que debía traer, o trae­rá, –como gri­ta la pro­pa­gan­da de las com­pa­ñías de IA–. Pero, por aho­ra, no apa­re­cen, por­que toda esa indus­tria solo per­si­gue deno­da­da­men­te la ren­ta­bi­li­dad radi­cal. Solo está tra­yen­do una incer­ti­dum­bre que pro­vo­ca des­de la preo­cu­pa­ción al páni­co, según los casos. Como las ins­ti­tu­cio­nes de ense­ñan­za tam­po­co en reali­dad saben qué hacer, hoy impe­ra un gene­ra­li­za­do sál­ve­se quien pue­da. Y como el lec­tor com­pro­ba­rá en la opi­nión de Kate Con­roy, –y avan­cé antes en el artícu­lo–, la IA ha entra­do, no ya como ele­fan­te, sino como mamut en cacha­rre­ría, no solo en el aula, sino tam­bién en el res­to de la vida de sus hijos, fue­ra de ella.

Qui­sie­ra tam­bién encon­trar algo posi­ti­vo, seria­men­te, –y ser ecuá­ni­me–, como Koe­bler. Pero él, a pesar de ello, titu­la su infor­me con un resig­na­do “Los pro­fe­so­res no están bien”. Por eso, y por­que ten­go muchos muchos datos, a mi vez, titu­lé mi artícu­lo del año pasa­do sobre este tema «Apren­der y des­apren­der. Los ries­gos de des­en­tre­nar el cere­bro con la IA» en el que augu­ra­ba la posi­bi­li­dad de que el uso de los Chat­bot como el Chat GPT gene­ren entre el alum­na­do «neu­ro­de­pen­dien­tes de la IA» cosa que, nin­guno de estos bien­in­ten­cio­na­dos docen­tes del infor­me, se atre­ven ni a men­cio­nar.

Una gran ame­na­za de la IA: la de que los jóve­nes no sepan pen­sar

Pero ocu­rre que más y más preo­cu­pa­cio­nes aña­di­das vie­nen del mun­do cien­tí­fi­co e inves­ti­ga­dor rela­cio­na­dos con apren­di­za­je y ense­ñan­za. Y van en aumen­to. Aho­ra son ya infor­ma­cio­nes que publi­can gran­des medios. Por ejem­plo, en junio del año pasa­do, el pres­ti­gio­so Wall Street Jour­nal, nada sos­pe­cho­so de no defen­der a las gran­des empre­sas tec­no­ló­gi­cas, seña­la­ba en un con­tun­den­te artícu­lo muy cla­ro cuál era la mayor ame­na­za que trae la IA, es decir, el uso masi­vo de los Chat­bot con­ver­sa­cio­na­les como Chat GPT. Lite­ral­men­te su titu­lar dice: «AI Big­gest Treat: Young Peo­ple Who Can’t Thing», es decir «La mayor ame­na­za de la IA: los jóve­nes que no saben pen­sar». La ana­lis­ta Ally­sia Fin­ley, de WSJ, des­cri­bía esta ame­na­za en su expli­ca­ción del tex­to dicien­do que el mie­do a que la IA eli­mi­ne pues­tos de tra­ba­jo no es lo deci­si­vo ya que se sabe que los avan­ces tec­no­ló­gi­cos, des­de la impren­ta, han eli­mi­na­do algu­nos pues­tos de tra­ba­jo y crea­do muchos otros. Y que, en reali­dad, «El peli­gro real es que una depen­den­cia exce­si­va de la IA podría engen­drar toda una gene­ra­ción de jóve­nes des­ce­re­bra­dos no pre­pa­ra­dos para los tra­ba­jos del futu­ro por­que nun­ca han apren­di­do a pen­sar de for­ma crea­ti­va o crí­ti­ca». Nada menos. Es algo muy ame­na­zan­te.

Este artícu­lo de WSJ se publi­có rela­cio­na­do con la actua­li­dad de un nue­vo infor­me de Cen­tro para la Edu­ca­ción Uni­ver­sal de la Ins­ti­tu­ción Broo­kings que, aun­que inten­ta ser espe­ran­za­dor, ya en su ini­cio, advier­te que «los ries­gos de uti­li­zar inte­li­gen­cia arti­fi­cial gene­ra­ti­va para edu­car a niños y ado­les­cen­tes actual­men­te eclip­san los bene­fi­cios». Se tra­ta de un amplio estu­dio inclu­ye deba­tes de gru­pos foca­les y entre­vis­tas con estu­dian­tes de pri­ma­ria y secun­da­ria, padres, edu­ca­do­res y exper­tos en tec­no­lo­gía en 50 paí­ses, así como una revi­sión biblio­grá­fi­ca de cien­tos de artícu­los de inves­ti­ga­ción. Y hace una adver­ten­cia muy seria con­clu­yen­do que el uso de la IA en la edu­ca­ción pue­de «soca­var el desa­rro­llo fun­da­men­tal de los niños» y que «los daños que ya ha cau­sa­do son des­alen­ta­do­res», –aun­que, dice–, pro­ba­ble­men­te pue­dan ser «repa­ra­bles».

De todas mane­ras, y de una for­ma muy sutil, sin nom­brar­la, se refie­re a la indus­tria de la IA en el entre­lí­neas, en don­de seña­la que, el poner a la IA de la mane­ra que se ha hecho al alcan­ce gene­ral de todos los meno­res los Chat­bots de Ia IA, con­vier­te por la vía de los hechos a las gene­ra­cio­nes actua­les de alum­nos y alum­nas, en ver­da­de­ros cone­ji­llos de indias de una apa­bu­llan­te y tal vez temi­ble (escu­chen a Darío Amo­dei CEO de Anth­ro­pic cuan­do dice que «La huma­ni­dad nece­si­ta des­per­tar» ante las ame­na­zas de la IA). Por­que es una pode­ro­sa tec­no­lo­gía casi no pro­ba­da. En el Infor­me lo dice más sutil­men­te, así: «Debi­do a que la IA gene­ra­ti­va aún es joven, –ChatGPT se lan­zó hace poco más de tres años–, los auto­res deno­mi­nan su revi­sión como pre mor­tem, des­ti­na­da a estu­diar el poten­cial de la IA en el aula sin los bene­fi­cios post mor­tem del tiem­po, datos a lar­go pla­zo o la retros­pec­ti­va».

Rebec­ca Winth­rop, inves­ti­ga­do­ra prin­ci­pal de Broo­kings, y una de las auto­ras del Infor­me, seña­la sobre el impac­to de la IA Gene­ra­ti­va de los Chat­bot, que sus usos masi­vos, los con­vier­ten en una gran des­ven­ta­ja de gran impac­to, y más en con­cre­to, advier­te que: «La IA repre­sen­ta una gra­ve ame­na­za para el desa­rro­llo cog­ni­ti­vo de los estu­dian­tes». Denun­cia la apa­ri­ción de una espe­cie de círcu­lo vicio­so de depen­den­cia de la IA, en el que los estu­dian­tes des­car­gan cada vez más su pro­pio pen­sa­mien­to en la caja negra ines­cru­ta­ble de esta tec­no­lo­gía, lo que con­du­ce al tipo de dete­rio­ro o atro­fia cog­ni­ti­va más común­men­te aso­cia­da con el enve­je­ci­mien­to cere­bral».

En con­cre­to Winth­rop, mues­tra su preo­cu­pa­ción por­que: «Cuan­do los niños usan IA gene­ra­ti­va que les dice cada res­pues­ta… no pien­san por sí mis­mos. No apren­den a dis­tin­guir la ver­dad de la fic­ción –la pro­pia IA tam­po­co la dis­tin­gue–. Ellos no apren­den a com­pren­der qué cons­ti­tu­ye un buen argu­men­to. No apren­den sobre las dife­ren­tes pers­pec­ti­vas del mun­do por­que, en reali­dad, no inter­ac­túan con el mate­rial, así que no memo­ri­zan y ape­nas recuer­dan o no recuer­dan nada del tema, por­que no lo han apren­di­do».

Recuer­da sobre cómo los tecla­dos y orde­na­do­res redu­je­ron la nece­si­dad de escri­bir a mano, y las cal­cu­la­do­ras auto­ma­ti­za­ron las mate­má­ti­cas bási­cas. Pero la IA está poten­cian­do y ace­le­ran­do este tipo de des­car­ga, espe­cial­men­te en escue­las don­de el apren­di­za­je se plan­tea, y pue­de per­ci­bir­se sim­ple­men­te como algo tran­sac­cio­nal.

Es muy ilus­tra­ti­va al res­pec­to, la fra­se que les dijo un estu­dian­te a los inves­ti­ga­do­res refi­rién­do­se a su uso de la IA (del Chat­Bot): «Es fácil. No hace fal­ta (usar) tu cere­bro».

Entre las con­clu­sio­nes y abun­dan­tes prue­bas que ofre­ce el Infor­me las hay muy con­tun­den­tes. Una sugie­re que «los estu­dian­tes que uti­li­zan la IA gene­ra­ti­va ya están expe­ri­men­tan­do un dete­rio­ro en sus cono­ci­mien­tos, su pen­sa­mien­to crí­ti­co e inclu­so su crea­ti­vi­dad. Y esto podría tener con­se­cuen­cias enor­mes si estos jóve­nes se con­vier­ten en adul­tos sin haber apren­di­do a pen­sar de for­ma crí­ti­ca». Diá­fano como el agua.

Ade­más, el Infor­me abor­da lo de que la IA, no solo entra en pro­ce­so del apren­der de los estu­dian­tes, sino en el ámbi­to emo­cio­nal de sus vidas. Inclu­ye encues­tas a estu­dian­tes de las que se dedu­ce cla­ra­men­te, –según el infor­me–, que «La IA plan­tea gra­ves ame­na­zas para el desa­rro­llo social y emo­cio­nal». Y, en sus con­clu­sio­nes afir­ma que, las res­pues­tas a la encues­ta, tam­bién pro­vo­ca­ron en los inves­ti­ga­do­res una pro­fun­da preo­cu­pa­ción por el hecho de que el uso de la IA, en par­ti­cu­lar los Chat­bots tipo Chat GPT, «está soca­van­do el bien­es­tar emo­cio­nal de los estu­dian­tes, inclui­da su capa­ci­dad para enta­blar rela­cio­nes, recu­pe­rar­se de los reve­ses y man­te­ner la salud men­tal».

Otras con­clu­sio­nes expli­can tam­bién que, uno de los muchos pro­ble­mas del uso exce­si­vo de la IA por par­te de los niños es que la tec­no­lo­gía de la IA de los Chat­bots es intrín­se­ca­men­te adu­la­do­ra, ya que para con­se­guir adic­ción, ha sido dise­ña­da para refor­zar las creen­cias de los usua­rios –y refor­zar su pode­ro­so ses­go de con­fir­ma­ción–. Y, todo ello para ser redun­dan­te­men­te adic­ti­va, de modo simi­lar a las redes socia­les.

Rebec­ca Winth­rop, inves­ti­ga­do­ra prin­ci­pal del Infor­me, con­clu­ye en rela­ción al ámbi­to en las vidas emo­cio­na­les que, si los niños se acos­tum­bran a desa­rro­llar sus habi­li­da­des socio­emo­cio­na­les, prin­ci­pal­men­te a tra­vés de inter­ac­cio­nes con Chat­bots dise­ña­dos para estar de acuer­do con ellos, «resul­ta­rá muy incó­mo­do y difi­cul­to­so para esos niños y ado­les­cen­tes encon­trar­se lue­go en un entorno social real del mun­do físi­co en el que alguien no está de acuer­do con­ti­go». El Infor­me advier­te tam­bién que la cáma­ra de eco de la IA, que actúa con el mis­mo patrón que las de las redes socia­les, –tan­to en eso como en la adic­ción–, «pue­de fre­nar el cre­ci­mien­to emo­cio­nal de un niño».

Cuan­do docen­cia, ense­ñan­za y apren­di­za­je coli­sio­nan con la IA

Otra de las infor­ma­cio­nes cien­tí­fi­cas más cua­li­fi­ca­das que con­ver­ge con lo dicho aquí más arri­ba, nos indu­ce mucha preo­cu­pa­ción es que la coli­sión de la IA y los diver­sos espa­cios del apren­di­za­je y la ense­ñan­za que esta­mos des­cri­bien­do, es que ese cho­que tam­bién lo hace con­tra uno de los prin­ci­pios del buen fun­cio­na­mien­to de la men­te y el cere­bro, y es el de que el cere­bro humano y su pen­sa­mien­to nece­si­tan fric­ción.

Sobre este con­tex­to, la cita­da inves­ti­ga­do­ra del Media Lab del Ins­ti­tu­to Tec­no­ló­gi­co de Mas­sa­chu­setts (MIT) Nata­li­ya Kos’my­na, –espe­cia­li­za­da en inter­fa­ces cere­­bro-orde­­na­­dor por­tá­ti­les–, seña­la sobre el uso inten­si­vo de una tec­no­lo­gía con­cre­ta que, en cuan­to nos faci­li­ta mucho la vida y nos pone las cosas muy cómo­das, y está siem­pre dis­po­ni­ble, sucum­bi­mos fácil­men­te al uso de ella que nos indu­cen. Y eso ocu­rre tan fácil­men­te por­que ya esta­mos evo­lu­ti­va­men­te muy pre­pa­ra­dos para usar­la así. Y lo esta­mos, por­que «a nues­tros cere­bros les encan­tan los ata­jos; es par­te de nues­tra natu­ra­le­za». Es la expli­ca­ción de por qué, cae­mos tan fácil en la como­di­dad nihi­lis­ta y el con­for­mis­mo tec­no­ló­gi­co, que ya des­cri­bí en esta pági­nas. Pero eso no es todo. Kos’my­na nos seña­la tam­bién algo impor­tan­te en rela­ción al apren­di­za­je: «El cere­bro nece­si­ta fric­ción para apren­der. Nece­si­ta siem­pre un desa­fío». Esa es la cla­ve.

La pro­fe­so­ra Kosmy­na lo expli­ca así el meca­nis­mo men­tal: «Sí, el cere­bro nece­si­ta fric­ción, pero tam­bién la evi­ta ins­tin­ti­va­men­te. Resul­ta intere­san­te que la pro­me­sa de la tec­no­lo­gía haya sido crear una expe­rien­cia de usua­rio sin fric­ción, para garan­ti­zar que, al pasar de una App a otra o de una pan­ta­lla a otra, o de un con­te­ni­do digi­tal a otro, no encon­tre­mos resis­ten­cia» Esa ausen­cia de fric­ción es la que explo­ta para gene­rar adic­ción por ejem­plo el scroll infi­ni­to en las pan­ta­llas de nues­tros Smartpho­nes. Pero hay algo que se suma. Y, según Kos’my­na seña­la otra razón: «Esa expe­rien­cia de usua­rio sin fric­ción es la prin­ci­pal razón por la que, sin pen­sar­lo, des­car­ga­mos más y más infor­ma­ción, con­te­ni­dos y tra­ba­jos a nues­tros dis­po­si­ti­vos digi­ta­les. Y es la razón por la que es tan fácil caer en las tram­pas de inter­net y de la algo­rít­mi­ca de sus redes socia­les, y tan difí­cil salir de ellas». Y aho­ra mis­mo la explo­sión de la IA, redun­da en esa fal­ta de fric­ción que se nos ofre­ce con­ti­nua­men­te y «es la razón por la que la IA Gene­ra­ti­va ya se ha inte­gra­do casi por com­ple­to en la vida de la mayo­ría de las per­so­nas».

Kos’my­na, habla de una cosa aún más impor­tan­te para el fun­cio­na­mien­to de nues­tra men­te. «Qui­zás dejan de leer libros, por­que man­te­ner ese tipo de con­cen­tra­ción lar­ga les resul­ta, les pare­ce que habrá fric­ción. Qui­zás, –con­clu­ye rotun­da Kos’my­na–: «¿Será este el ini­cio de lo que la escri­to­ra y exper­ta en edu­ca­ción Daisy Chris­to­dou­lou lla­ma una socie­dad estu­pi­do­gé­ni­ca –pro­pia de gen­te que no ejer­ci­ta ape­nas sus múscu­los cog­ni­ti­vos–, algo para­le­lo a una socie­dad obe­so­gé­ni­ca, en la que es fácil vol­ver­se estú­pi­do por­que las máqui­nas pue­den pen­sar por ti?».

Hay muchos y muchas docen­tes, algu­nos como los que hemos cita­do, que no quie­ren que se cum­pla la mayor ame­na­za que seña­la­ba el Wall Street Jour­nal, la de que demos paso a una nue­va gene­ra­ción de jóve­nes que no sepan pen­sar. Qui­zá huyen­do de eso se vuel­ven a usar lápiz y papel y los libros impre­sos en muchas aulas de pri­ma­ria y secun­da­ria. Por cier­to, como lla­ma­da de aten­ción a quie­nes cri­ti­can esto, inclu­yo aho­ra aquí, el títu­lo de un artícu­lo publi­ca­do por la pres­ti­gio­sa revis­ta For­tu­ne el pasa­do 21 de febre­ro de 2026«EE.UU. gas­tó 30 mil millo­nes de dóla­res en reem­pla­zar los libros de tex­to por orde­na­do­res por­tá­ti­les y table­tas: el resul­ta­do es que en el país tie­ne vive aho­ra la pri­me­ra gene­ra­ción tie­ne menos capa­ci­dad cog­ni­ti­va que sus padres». Usar ele­men­tos ana­ló­gi­cos en el aula, para algu­nos docen­tes, pue­de ser una bue­na vía, de momen­to, para reve­lar­se modes­ta­men­te con­tra la cita­da ame­na­za. Por­que está muy demos­tra­do que los libros impre­sos son una for­mi­da­ble herra­mien­ta para el apren­di­za­je, cosa que aún tie­ne que demos­trar los Chat­bot cuyos pri­me­ros efec­tos sobre la memo­ria y el racio­ci­nio de los jóve­nes alum­nos son más que preo­cu­pan­tes. La ense­ñan­za y la docen­cia pre­ten­de entre otras cosas, ense­ñar a los jóve­nes a pen­sar, a apren­der. Para eso hay que entre­nar el cere­bro de los alum­nos. Y los Chat­bot como el Chat GPT hoy por hoy ya están mos­tran­do los ries­gos de des­en­tre­nar las men­tes en jóve­nes y alum­nos.

Hay ya nume­ro­sí­si­mos ejem­plos más rela­cio­na­dos con la coli­sión entre la IA y el mun­do del apren­di­za­je y la edu­ca­ción y me gus­ta­ría ser más opti­mis­ta, pero no es fácil. Ter­mino los de hoy con un últi­mo ejem­plo.

Scott, el pro­fe­sor ante la anti­ma­te­ria edu­ca­ti­va ani­qui­la­do­ra

Scott K. John­son, es un pro­fe­sor de cien­cias de la Tie­rra que ha publi­ca­do el pasa­do 13 de abril una des­ga­rra­do­ra y crí­ti­ca opi­nión en la sec­ción de cien­cia de la pres­ti­gio­sa revis­ta Ars­tech­ni­ca. El títu­lo de su tex­to dice lite­ral­men­te: «Ense­ñar en la era de ChatGPT es cono­cer el dolor». El sub­tí­tu­lo dice: «El uso de LLM es el pro­ble­ma más des­mo­ra­li­za­dor al que me he enfren­ta­do como pro­fe­sor uni­ver­si­ta­rio». Scott seña­la en su artícu­lo que, des­de la apa­ri­ción de ChatGPT, el tra­ba­jo del pro­fe­sor ya no se limi­ta a impar­tir la mate­ria e inten­tar deses­pe­ra­da­men­te que todos los alum­nos se man­ten­gan al día. Cada vez más, su rol docen­te muta a ser una espe­cie de detec­ti­ve y fis­cal, por­que los estu­dian­tes sin moti­va­ción para hacer el tra­ba­jo ya no tie­nen que elu­dir­lo. Pue­den entre­gar un simu­la­cro con for­ma de tra­ba­jo casi con la mis­ma faci­li­dadY un núme­ro con­si­de­ra­ble lo hace: en una encues­ta recien­te del Colle­ge Board a 600 estu­dian­tes de secun­da­ria, el 84 % afir­mó haber uti­li­za­do IA gene­ra­ti­va para sus tareas esco­la­res.

Los docen­tes, –expli­ca este pro­fe­sor–, des­de lue­go, están fami­lia­ri­za­dos con las tram­pas. Pero mirar apun­tes ocul­tos duran­te un examen o pla­giar párra­fos de Wiki­pe­dia son herra­mien­tas de la edad de pie­dra com­pa­ra­das con las armas de des­truc­ción masi­va cono­ci­das como LLM y los Chat­bots de IA. Año­ro la como­di­dad bina­ria de un pro­ble­ma sim­ple como «¿hace tram­pa o no?». Aho­ra, me veo obli­ga­do a juz­gar 256 mati­ces de gris, y a pro­por­cio­nar docu­men­ta­ción sufi­cien­te para defen­der mi deci­sión si un estu­dian­te ape­la mi cali­fi­ca­ción ante comi­tés de revi­sión institucional»…Pero, –expli­ca–, con­tra lo que pudie­ra pere­cer su preo­cu­pa­ción es más por los estu­dian­tes que por él mis­mo, y con­ti­núa en el tex­to dicien­do: «Per­mí­tan­me expli­car por qué los estu­dian­tes son los que más pier­den en este entorno y por qué los pro­fe­so­res como yo nos sen­ti­mos prác­ti­ca­men­te impo­ten­tes para solu­cio­nar el pro­ble­ma. –Con mucho cono­ci­mien­to de cau­sa seña­la–, «…los estu­dian­tes sue­len tener ideas erró­neas sobre las asig­na­tu­ras. Pue­den ver al pro­fe­sor como un obs­tácu­lo que se inter­po­ne en el camino hacia la cali­fi­ca­ción que desean. Y con­si­de­ran que «obte­ner las res­pues­tas correc­tas» es el obje­ti­vo de la edu­ca­ción por­que así se ase­gu­ran esa cali­fi­ca­ción…»

Según Scott, pode­mos des­cri­bir fácil­men­te el pro­ce­so de apren­di­za­je. En sín­te­sis, si no hay fric­ción, si no hay esfuer­zo, enton­ces no hay tra­ba­jo y el estu­dian­te no ha apren­di­do. Habría sido igual de pro­duc­ti­vo mirar la pared vien­do cómo se seca la pin­tu­ra…

Y con­ti­núa «¿Qué sen­ti­do tie­ne incluir eva­lua­cio­nes for­ma­ti­vas en un cur­so si lue­go se las asig­nan a un Mode­lo de IA LLM? De repen­te, se con­vier­te en una pér­di­da de tiem­po tan­to para el estu­dian­te como para el pro­fe­sor. Los cues­tio­na­rios bre­ves son exce­len­tes herra­mien­tas de estu­dio para ayu­dar a los estu­dian­tes a com­pro­bar su com­pren­sión, siem­pre y cuan­do los reali­cen… Y aho­ra los Mode­los Lin­güís­ti­cos de IA LLM pue­den «escri­bir» un ensa­yo con este for­ma­to en ape­nas 10 segun­dos. Si bien estos ensa­yos son fácil­men­te reco­no­ci­bles (y de baja cali­dad), la tarea se vol­vió insos­te­ni­ble. Podía corre­gir el tra­ba­jo de un estu­dian­te real en 15 a 30 minu­tos, pero lidiar con cada caso de pla­gio fácil­men­te me lle­va­ba de cua­tro a ocho horas de tra­ba­jo frus­tran­te y depri­men­te. Así que, sim­ple­men­te, tuve que eli­mi­nar­la del cur­so… En sín­te­sis, no soy el úni­co que se sien­te exas­pe­ra­do por esta situa­ción. Una encues­ta rea­li­za­da a unos 3000 pro­fe­so­res uni­ver­si­ta­rios mos­tró que el 85 % opi­na­ba que los LLM, dis­mi­nu­yen la pro­ba­bi­li­dad de que los estu­dian­tes desa­rro­llen habi­li­da­des de pen­sa­mien­to crí­ti­co, y el 72 % repor­tó difi­cul­ta­des para ges­tio­nar su uso… »

Lue­go, tiran­do de iro­nía, escri­be: «Los pro­fe­so­res, ago­ta­dos por la situa­ción actual, sopor­tan un alu­vión de tópi­cos repe­ti­ti­vos. ¡Es el futu­ro, mejor acos­túm­bren­se! ¡Los ludi­tas con­tra­rios a la tec­no­lo­gía decían que no debía­mos usar cal­cu­la­do­ras! ¿Te refie­res a la for­ma en que los pro­fe­so­res de mate­má­ti­cas res­trin­gen actual­men­te el uso de cal­cu­la­do­ras (que, cabe des­ta­car, no gene­ran res­pues­tas fal­sas) al ense­ñar muchas habi­li­da­des? ¡Los Mode­los LLM de IA o los Chat­bots de IA son ya tuto­res per­so­na­les! Pero, ¿con­tra­ta­rías a un tutor que jue­ga a Dos ver­da­des y una men­ti­raPare­ce que nadie quie­re escu­char a los pro­fe­so­res expli­car lo mal que se sien­ten al inten­tar hacer su tra­ba­jo en pre­sen­cia de esta anti­ma­te­ria edu­ca­ti­va ani­qui­la­do­ra. En cam­bio, –iro­ni­za–, nos ofre­cen herra­mien­tas de cali­fi­ca­ción con IA para cali­fi­car tra­ba­jos gene­ra­dos por IA para tareas gene­ra­das por IA.

Qui­zá los crí­ti­cos como yo, ‑dice Scott–, sim­ple­men­te no enten­da­mos la revo­lu­ción de la IA (sea lo que sea eso), pero todos cono­ce­mos la natu­ra­le­za huma­na y los patro­nes habi­tua­les de los alum­nos. Los mode­los de len­gua­je gran­de (LLM) son un ata­jo. Los alum­nos sue­len tomar ata­jos de los que lue­go se arre­pien­ten. A todos nos ha pasa­do… No he cono­ci­do a nin­gún estu­dian­te que pien­se que está apren­dien­do cuan­do deja que los LLM de IA hagan su tra­ba­jo, a pesar de la ima­gen que los admi­nis­tra­do­res uni­ver­si­ta­rios y la pro­pa­gan­da de la IA inten­tan pro­yec­tar. Para ellos, solo es una for­ma de ges­tio­nar la car­ga de tra­ba­jo.

Y Scott con­clu­ye su refle­xión dicien­do: «Quién sabe qué pasa­rá si esta­lla la bur­bu­ja de la IA y el acce­so flui­do y omni­pre­sen­te a los LLM se redu­ce a algo mucho más limi­ta­do. Pero mien­tras la IA está ya aquí, lo cier­to es que no está revo­lu­cio­nan­do la edu­ca­ción, ni mejo­ran­do el apren­di­za­je. Sim­ple­men­te está hacien­do que resul­te extra­or­di­na­ria­men­te difí­cil lle­var a cabo todas aque­llas cosas que lle­van mucho tiem­po ayu­dan­do a los estu­dian­tes a apren­der».

Epí­lo­go

Ter­mino yo esta refle­xión pen­san­do que, qui­zá más ade­lan­te sea dife­ren­te. Pero la indus­tria de las opu­len­tas pla­ta­for­mas de IA y sus voce­ros solu­cio­nis­tas, no ha mos­tra­do has­ta aho­ra en abso­lu­to la menor pacien­cia con el apren­di­za­je de los jóve­nes, ni el tra­ba­jo de sus docen­tes, sino indi­fe­ren­cia. No les impor­ta lo que les pase ni a unos ni a otros. Lan­zan sus solu­cio­nes de IA como empre­sas autis­tas o, como máxi­mo, pre­sas del sín­dro­me de Asper­ger. Sí han demos­tra­do lo que bus­can a toda cos­ta es ganar mucho dine­ro (mone­ti­zar cual­quier cosa, lo que sea) y hacer,  sin impor­tar nada más, un inmen­so nego­cio gene­ran­do una nue­va gene­ra­ción de adic­tos, en lugar de una con unos jóve­nes, lue­go adul­tos, más des­pier­tos e inte­li­gen­tes. Sabe­mos que en un mun­do ideal la IA, – según dicen en su propaganda‑, la IA ha veni­do a mejo­rar­nos, a aumen­tar­nos, y no a sus­ti­tuir­nos. Pero eso ya no es creí­ble dicho por ellos.

Y, por aho­ra sigo, como muchos docen­tes, muy escép­ti­co con estos tecno-plu­­tó­­cra­­tas. Y ver de cer­ca la cara a Sam Alt­man, el poten­ta­do due­ño de la empre­sa que ate­so­ra el Chat GPT no me tran­qui­li­za en abso­lu­to. Ya no le creo nada de sus dis­cur­sos y pro­me­sas. Su sin­ce­ri­dad se ha des­va­ne­ci­do. Mi ami­go Tim O’Reilly me dijo hace tiem­po, –no me impor­ta repe­tir­lo–, que “La tec­no­lo­gía es algo para hacer del mun­do un lugar mejor” Aún sigo cre­yen­do com­ple­ta­men­te en esa idea que expre­sa esa fra­se de O’Reilly.

Pero el mis­mo O’Reilly publi­có des­pués más recien­te­men­te un ensa­yo sobre la muta­ción actual de Sili­con Valley, don­de se encuen­tra el núcleo de la big tech de indus­tria de las pla­ta­for­mas de los LLM y la IA. En dicho ensa­yo se pue­den leer las pala­bras siguien­tes: “Ese pai­sa­je frac­tu­ra­do no es lo que se pre­di­jo: los pio­ne­ros de Inter­net espe­ra­ban la liber­tad y la sabi­du­ría de las mul­ti­tu­des, no que todos estu­vié­ra­mos bajo el con­trol de unas gran­des empre­sas que se bene­fi­cian de unos mer­ca­dos de des­in­for­ma­ción. Lo que inven­ta­mos no era lo que espe­rá­ba­mos. Inter­net se con­vir­tió en la mate­ria de nues­tras pesa­di­llas más que de nues­tros sue­ños. Toda­vía pode­mos recu­pe­rar­nos, pero al menos has­ta aho­ra, Sili­con Valley pare­ce ser par­te del pro­ble­ma más que de la solu­ción”. Y, en el mis­mo ensa­yo, espe­cí­fi­ca­men­te en refe­ren­cia a las pla­ta­for­mas de las redes socia­les, en las que está tam­bién invo­lu­cra­da la indus­tria de la IA, Tim escri­be: En el caso de las pla­ta­for­mas de medios socia­les, la mani­pu­la­ción a gran esca­la de los usua­rios con fines de lucro ha des­hi­la­cha­do el teji­do de la demo­cra­cia y el res­pe­to a la ver­dad. Sili­con Valley, que antes apro­ve­cha­ba la inte­li­gen­cia colec­ti­va de sus usua­rios, aho­ra uti­li­za su pro­fun­do cono­ci­mien­to de los mis­mos para “comer­ciar con­tra ellos”. Fin de la cita.

La IA, el Chat GPT, como sus con­gé­ne­res, son un arte­fac­to tec­no­ló­gi­co. A ellos tam­bién se refie­re la fra­se de Tim.

ChatGPT fue lan­za­do por Open AI el 30 de noviem­bre de 2022. Hace unos tres años. Pien­se el lec­tor ¿Per­ci­be Vd. que la situa­ción gene­ral del mun­do es mejor des­de hace tres años, que es des­de cuan­do tene­mos esta IA y las demás con noso­tros? Con­tés­te­se Vd. mis­mo.

 

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