Para vivir en paz con el mun­do y tami­zar la lucha con mis entra­ñas, he opta­do por entro­ni­zar la radio como el apa­ra­to prín­ci­pe de mi casa.

 

Cuan­do obser­vo a esos seres estra­fa­la­rios que cami­nan por la ciu­dad bus­can­do algo tan difí­cil de encon­trar como la feli­ci­dad. Cuan­do leo en las noti­cias hue­ras y absur­das que te colo­can las pla­ta­for­mas de inter­net sobre solu­cio­nes para encon­trar el bien­es­tar. Cuan­do escu­cho a esos triun­fa­lis­tas a los que todo les sale bien y solo saben mirar­se el ombli­go. Pien­so en como he tras­tea­do en los últi­mos tiem­pos para dis­tan­ciar­me del muer­mo.

Di el pri­mer paso hace ya años supri­mien­do la tele­vi­sión como eje cen­tral del salón de casa. La exi­lié en una esqui­na del salón para encen­der­la tan solo cuan­do nece­si­to una ven­ta­na hacia el exte­rior o ver una final explo­si­va de fút­bol.

Así que  para vivir en paz con el mun­do y tami­zar la lucha con mis entra­ñas, he opta­do por entro­ni­zar la radio como el apa­ra­to prín­ci­pe de mi casa.

Esa inven­ción de Gugliel­mo Mar­co­ni, que data de 1894, se ha con­ver­ti­do en mi com­pa­ñe­ra esen­cial pues tam­po­co soy muy par­ti­da­rio de ence­rrar ani­ma­li­tos en casa, esos seres inte­li­gen­tes que tan­ta com­pa­ñía hacen a muchos y a los que lla­man con el inapro­pia­do y feo ape­la­ti­vo de mas­co­tas como si fue­ran jugue­tes.

Nada de eso. Nues­tra radio públi­ca se ha con­ver­ti­do en lo últi­mos tiem­pos en mi ami­ga y aman­te duran­te las lar­gas noches del des­aso­sie­go que cuan­do mas vie­jo me hago mas nume­ro­sas son.

Renun­cié a los tre­men­dis­mos que inten­tan fas­ti­diar­te el día con sus exa­ge­ra­cio­nes y noti­cias fal­sas. Las emi­so­ras de la radio públi­ca son de lo mejor que ofre­ce la admi­nis­tra­ción esta­tal.

La legen­da­ria RNE que fun­da­ran los fas­cis­tas en ple­na gue­rra, 1937,  se ha con­ver­ti­do con la demo­cra­cia en lo con­tra­rio para lo que fue crea­da. De ins­tru­men­to de pro­pa­gan­da y enga­ño a emi­so­ras que fomen­tan la cul­tu­ra y el pen­sa­mien­to cri­ti­co.

Ya hace años que me hizo feliz, como a tan­tos otros meló­ma­nos, la Radio  3, emi­so­ra que con­ti­nua vigo­ro­sa ofre­cien­do la mejor músi­ca del pop, blues y rock, más allá de las lis­tas de éxi­tos de las comer­cia­les. Otro hallaz­go del perio­dis­mo radio­fó­ni­co es Radio 5, todo noti­cias, una emi­so­ra que roza la exce­len­cia. Ins­tru­men­to mul­ti­cul­tu­ral y varia­do que ofre­ce a dia­rio un aba­ni­co sucu­len­to de noti­cias y repor­ta­jes de inte­rés social y polí­ti­co, muy raro de ver en las tele­vi­sio­nes comer­cia­les ado­ce­na­das siem­pre por la mis­ma can­ti­ne­la de pren­sa rosa y ter­tu­lias que recuer­dan aque­lla sec­ción del tebeo, Diá­lo­gos para besu­gos.

Radio 5 pro­du­ce repor­ta­jes de his­to­ria y cul­tu­ra, entre­vis­tas y ter­tu­lias de un nivel cul­tu­ral nota­ble. Fomen­tan a dia­rio la con­cien­cia social de los oyen­tes con temas como inmi­gra­ción o liber­tad de con­cien­cia, femi­nis­mo, temas socia­les siem­pre des­de una pers­pec­ti­va pro­gre­sis­ta y nota­ble­men­te de izquier­das.

Para quien esto refle­xio­na la joya de la coro­na de la radio es la emi­so­ra clá­si­ca. Des­de hace ya muchos años roza la exce­len­cia con una ofer­ta musi­cal que reco­rre todo lo ima­gi­na­ble para el meló­mano y afi­cio­na­do a los gran­des clá­si­cos y moder­nos.

Dos pro­gra­mas de Radio Clá­si­ca en espe­cial me ale­gran las noches tris­tes. Cuan­do me can­so de leer, sin­to­ni­zo por­que así como la lec­tu­ra exi­ge par­ti­ci­pa­ción del que lee, escu­char músi­ca es un acto pasi­vo y rela­jan­te, aca­so en sole­dad el mas nota­ble de que dis­po­ne la sen­si­bi­li­dad huma­na.

La perio­dis­ta Micae­la Ver­ga­ra ofre­ce todas las noches de 10 a 11 su exqui­si­to pro­gra­ma Músi­ca con alma. De cau­ti­va­do­ra voz, selec­cio­na cada jor­na­da un tema huma­nís­ti­co: el amor, el deseo, la sole­dad, el odio, la aven­tu­ra, y pone músi­ca sal­pi­ca­da de citas de gran­des pen­sa­do­res y artis­tas: Macha­do, Lor­ca, Aris­tó­te­les, Mon­taig­ne, Mar­co Aure­lio, Picas­so, un sin­fín de talen­tos que nos hablan en una bre­ve cita de como afron­tar la exis­ten­cia para no des­ca­la­brar­se.

El otra pro­gra­ma que es recien­te es el que se titu­la His­to­ria de la músi­ca. Todos los jue­ves, Ernes­to Mon­sal­ve nos rega­la una lec­ción de his­to­ria; los hechos rela­cio­na­dos con los com­po­si­to­res, la músi­ca situa­da en el con­tex­to en que nació. Ameno pro­gra­ma don­de los haya, que enri­que­ce ese jar­dín de cono­ci­mien­to de una sec­ción, la clá­si­ca, que nació  en 1965. Una visión de la radio que refle­ja el nivel cada vez mayor de la cul­tu­ra de este país tan cas­ti­ga­do en otros tiem­pos.

Mon­sal­ve se des­pi­de de su audien­cia con la refres­can­te fra­se, “Bue­nas noches y bue­na suer­te”. En estos tiem­pos con­vul­sos en los que la igno­ran­cia se inten­ta abrir paso en las con­cien­cias de la ciu­da­da­nía, a base de basu­ra mediá­ti­ca, los días de radio son antí­do­to excep­cio­nal de un país, de un perio­dis­mo, que lucha a dia­rio por qui­tar­se la mugre de la des­in­for­ma­ción.

 

 

 

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