Tot nacionalisme és tòxic, alta- ment perillós. Els nacionalistes són sempre els altres –bascos i, sobretot, catalans. L’excitat neoespa- nyolisme no és un nacionalisme. És la civilització enfrontada a un desafiant tri- balisme fenici procliu a la violència i el racisme. Heus ací, en síntesi no massa esquemàtica, el discurs autolegi- tima- dor, autoglorificador que prodiguen, des de fa anys, eloqüents i esbarzerats neo- jacobins com Fernando Savater, Arcadi Espada o Mario Vargas Llosa, i que tant d’èxit ha assolit entre taxistes i més influents semi-il·lustrats de l’espanyo- lisme més desacomplexat. En un món d’estats-nacions, la molt nacionalista Espanya és l’única nació sense naci- onalisme d’estat, sense nacionalistes espanyols. “Pas besoin d’aller au cine- ma!”, que s’exclamava Mercè Rodoreda davant d’una situació grotesca.
Candidat nacionalista a la presidència de la república de la ultranacionalista dreta peruana. Orgullós mascaró de proa del lobby polític neoespanyolista que patroneja Fernando Savater i que té en la reputada Rosa Díez la veu popu- lista del seu amo orteguià. Debel·lador obsessiu i de barra lliure del naciona- lisme català, aquell irritant tumor a con- llevar, si no a extirpar. Solemne i rotund defensor de la Hispanidad… Pel que fa a nacionalisme, el Nobel Vargas Llosa és un neoconvers jacobí panhispànic –un Blasco Ibáñez-1909 peruà.
En el seu deliri negacionista del nacio- nalisme que l’impregna fins al moll dels ossos, Vargas va arribar a sostenir que Ortega y Gasset no era nacionalista. Si ell no és nacionalista, com ho ha de ser el Maestro? Ortega: “el-que-lo- había-dicho-ya-antes-que-Heidegger” de Martín-Santos. Pre o post heideggerià, Ortega y Gasset és el més alemany i saquejat teòric del nacionalisme espa- nyol –per l’esquerra i per la dreta i, no cal dir-ho, per l’extrema esquerra de l’extrema dreta.
Si una cosa no és Ortega és pan- hispànic –si més no, en la intimitat. Portugal, 1944. 9 de juny. Casa de Mircea Elíade, aquell xaman feixista romanès. Ortega hi és el convidat d’honor i té un dia lucidíssim segons reporta l’amfitrió: “Admirables obser- vacions sobre la mudesa dels pobles sud-americans. ‘Escriuen en espanyol però no el parlen perquè no tenen res a dir, perquè, segons que ja va veure Hegel, el continent sud-americà té una fauna dèbil perquè allí no es pot anar més enllà de la prehistò- ria’”. Prehistòric Vargas Llosa, segons Ortega y Gasset, el Maestro no poc nacionalista.
Vargas Llosa va decantar definitivament el seu treballat Nobel de literatura el feliç dia en què es va fotografiar a Gaza envoltat de tres encaputxats pretorians amb kalàixnikov de Hamàs, un Sendero Luminoso islamista. Israel, com la mar d’Eurípides, renta tota la brutícia huma- na.
A Juan Goytisolo li fa por Israel. Al seu Pigmalió, Jean Genet, també: “Els jueus són el poble més tenebrós de la terra”, tremolava esfereït el lumpen- dandi, sense per això deixar de robar la incitació al pogrom a Voltaire, un poregós canònic.
Maigret considera que els jueus tenen els peus delicats. Potser de tant de fugir dels poregosos. Siga com siga, ens consta que el jueu Chomsky té el peus destrossats de tant d’escriure, comissari.
“Je bois systématiquement pour oublier les amis de ma femme” cantava, amb la seua inseparable trompeta a la mà i amarat d’alcohol, el proteic i mercu- rial Boris Vian, sense acabar d’oblidar J. P. Sartre, l’enemic més inesperat i cruel –per lleig. Ni humanisme ni no humanisme, l’existencialisme és un afrodisíac.
“Jo ja estimava les estrangeres,/ quan era un xiquet.” Després de la mort de la seua estrangera esposa-heura, vam saber que Louis Aragon, de criatu- ra, potser també estimava els estran- gers. Elsa Triolet, l’armari arrapadís de l’exquisit poeta i cràpula estalinista Aragon.
L’esteta sifilític Baudelaire feia l’amor amb guants, segons que ens conta J. P. Sartre. Un toc d’elegància, certament, tot i que d’escàs valor per a la protecció profilàctica de “mon ange et ma passi- on”. Ô reine des cruelles, Baudelaire.
Ho diu el Talmud i del Talmud, a vega- des, cal fer-ne cas: en el més enllà ens jutjaran pels plaers que hem deixat anar.
En plena vorágine recesiva, apenas si he oído a nadie hablar de los profesionales y artesanos. Sí, se comentan las vicisitudes de los autónomos para hablar de sus dificultades, pero más bien como auto-empresarios con problemas de acceso al crédito o a las políticas sociales.Me parece mucho más interesante, sin embargo, la visión que nos planteaba Luis Trigo en su artículo del mes pasado en Valencia City, una columna dedicada a ensalzar el trabajo bien hecho de dos profesionales de la panadería, dos maestros artesanos en suma.
Le llamé de inmediato para felicitarle porque creo en esa vía, casi heroica, en la que andan tantos y tantos oficios hechos con dedicación, aquellos cuyos ancestros constituyeron gremialmente los primeros burgos, las repúblicas comerciantes, el impulso del negocio que saltaba fronteras y abría caminos. No sé qué extraña criminalización cayó sobre estas profesiones y trabajos pero a mi no me cabe ninguna duda que una buena parte de la salida a la crisis ha de venir por volver a poner en valor estos oficios. El filósofo-matemático Bertrand Russell lo vino a proponer hace muchas décadas, cuando volvió espantado de la Rusia de Lenin, al que encontró un pelín fanático de una pseudociencia política.
Me asombran los panaderos, ¡y tanto!, hasta el punto que vale la pena que recuerde a mis convecinos que en Francia el presidente de tan laica nacionalidad otorga cada año la máxima distinción a un pastelero, cuya placa honorífica suele poner en la entrada de su tienda.Y no hablemos de los cocineros, convertidos por mor y gracia de Ferran Adrià en poco menos que artistas… No es extraño, pues, que la Politécnica se fije en ellos para rendirles honores pero también para convertirlos en ejemplo motor ante los jóvenes.
Valencia es una ciudad de tradicionales gremios. Lo dice la nomenclatura de sus calles, y el Centro de Artesanía nos lo recuerda, sin ir más lejos este mismo mes cuando ha vuelto a proponer una semana artesana en Feria Valencia.Pero no confundamos artesanos con alfareros, por favor, ni con las tiendas de souvenirs o similares. Un artesano puede ser tanto un diseñador de moda como la propia costurera que le trabaja, el fabricante de un primosoro violín o incluso un periodista, modesto escribano que tiene como oficio, más que una carrera, el sentido de la actualidad.
Y lo mismo digo de las profesiones, algunas muy dignas y otras muy doctas, liberales y sanadoras, que de todo hay. Me asombra, todavía hoy, el espíritu individualista de los abogados, la eficacia del modelo mediterráneo de los farmacéuticos –gestión privada bajo planificación y control público–, la vocación de excelsitud de los arquitectos, la sabiduría natural de nuestros agrimensores, la movilidad de los fotógrafos…Ni nuevos modelos sostenibles, ni ecotrabajo ni monsergas por el estilo. Apuesto por volver al trabajo bien hecho, a la dedicación profesional, al amor por el oficio. Alemania, a la que tanto admiramos estos días por su fortaleza, se asienta sobre esos principios –que narraban incluso los hermanos Grimm en sus cuentos para niños–. Y aquí podemos vernos en el espejo de una buena tradición, lo que no está reñido con innovar y con la aplicación de tecnología o diseño, antes bien al contrario, se trataría de entender que es por esas vías por las que se puede producir la modernización de nuestras ancestrales virtudes. Es tiempo de laborar, no caben dudas.
Se pongan como se pongan las autoridades monetarias, los agoreros de la economía y los pusilánimes de la intervención, aquí y ahora llega la Navidad y nadie nos la va a fastidiar. Y si no, para Nochebuena ya tenemos enlatada por Antena 3 un nuevo pase de la obra maestra de Frank Capra, It’s a Wonderful Life (1946), que por más que la vea cada año siempre me da la llorera y cada vez me gusta más.Capra, el cineasta de la democracia radical –Juan Nadie, el congresista Smith…–, denostado por la izquierda ortodoxa, ya nos contó hace más de media centuria los problemas éticos de las sociedades modernas, pero su fórmula para superarlos siempre se basó en la creencia en los valores del individuo, de la superación y el afecto.
Y nada más entrañable –llámenme cursi si quieren–, que la Navidad, cuando para combatir el inhospito frío del solsticio nos reunimos en familia, situamos a los niños en primer plano y nos reconfortamos con las creencias religiosas, con tradiciones bien bonitas como las del Belén con sus Reyes Magos –¡qué gran idea de Cajamurcia, rescatar el de nuestra Catedral!–, y con ese ánimo moral que supone desear la paz y la fraternidad entre las personas de este mundo, como preconizó la figura de Jesús, cuyo nacimiento, en suma, venimos a recordar.Pero así como otros años se ha venido a criticar los excesos consumistas de la Navidad, la sobrecarga de materialidad o los abusos vinculados a la gula, ahora resulta que no, que si no gastamos esto no funciona, que si no crecemos y avanzamos se bloquea la economía. El consumo privado, pues, siempre que se ejerza con cabeza –controlen el crédito, por favor–, es un bien que es necesario estimular para poder tirar del carro. Casi el 60% de nuestro carro-pib es consumo interno, así que ya ven si la cosa es importante y necesaria.
Hay que estirarse un poco, hasta donde se pueda, acudiendo a los restaurantes, comprando en nuestras tiendas… y ello sin perder de vista el espíritu de la Natividad, que ya está aquí, que ya vuelve, con su lotería y su freixenet –y los cavas valencianos de aquí: Gandía, Dominio de la Vega, Hispanosuizas, Tharsys… Y vuelve Expojove, y el Mesías handeliano al Palau de Mayrén Beneyto –¡pero qué señora, Dios mío!–, y los circos, y los talleres didácticos para los peques en el Muvim, y el cine de animación para ellos también en la Parpalló, y Cacsa… hasta vuelve el Tirant del caballero Martorell en versión Mira y, por supuesto, de nuevo está aquí El Corte Inglés, que si no inventó la Navidad la llevó a lo más sublime. Así que allí volveremos, a la enseña verde de la tienda de las tiendas, allí y a los nuevos centros comerciales donde como en MN4 o Aqua se combinan compras, ocio y festividades, o a la Galería Jorge Juan y el Mercado de Campanar.Se pongan como se pongan las autoridades monetarias, los agoreros de la economía y los pusilánimes de la intervención, aquí y ahora llega la Navidad y nadie nos la va a fastidiar. Y si no, para Nochebuena ya tenemos enlatada por Antena 3 un nuevo pase de la obra maestra de Frank Capra, It’s a Wonderful Life (1946), que por más que la vea cada año siempre me da la llorera y cada vez me gusta más.Capra, el cineasta de la democracia radical –Juan Nadie, el congresista Smith…–, denostado por la izquierda ortodoxa, ya nos contó hace más de media centuria los problemas éticos de las sociedades modernas, pero su fórmula para superarlos siempre se basó en la creencia en los valores del individuo, de la superación y el afecto.
Y nada más entrañable –llámenme cursi si quieren–, que la Navidad, cuando para combatir el inhospito frío del solsticio nos reunimos en familia, situamos a los niños en primer plano y nos reconfortamos con las creencias religiosas, con tradiciones bien bonitas como las del Belén con sus Reyes Magos –¡qué gran idea de Cajamurcia, rescatar el de nuestra Catedral!–, y con ese ánimo moral que supone desear la paz y la fraternidad entre las personas de este mundo, como preconizó la figura de Jesús, cuyo nacimiento, en suma, venimos a recordar.Pero así como otros años se ha venido a criticar los excesos consumistas de la Navidad, la sobrecarga de materialidad o los abusos vinculados a la gula, ahora resulta que no, que si no gastamos esto no funciona, que si no crecemos y avanzamos se bloquea la economía. El consumo privado, pues, siempre que se ejerza con cabeza –controlen el crédito, por favor–, es un bien que es necesario estimular para poder tirar del carro. Casi el 60% de nuestro carro-pib es consumo interno, así que ya ven si la cosa es importante y necesaria.
Hay que estirarse un poco, hasta donde se pueda, acudiendo a los restaurantes, comprando en nuestras tiendas… y ello sin perder de vista el espíritu de la Natividad, que ya está aquí, que ya vuelve, con su lotería y su freixenet –y los cavas valencianos de aquí: Gandía, Dominio de la Vega, Hispanosuizas, Tharsys… Y vuelve Expojove, y el Mesías handeliano al Palau de Mayrén Beneyto –¡pero qué señora, Dios mío!–, y los circos, y los talleres didácticos para los peques en el Muvim, y el cine de animación para ellos también en la Parpalló, y Cacsa… hasta vuelve el Tirant del caballero Martorell en versión Mira y, por supuesto, de nuevo está aquí El Corte Inglés, que si no inventó la Navidad la llevó a lo más sublime. Así que allí volveremos, a la enseña verde de la tienda de las tiendas, allí y a los nuevos centros comerciales donde como en MN4 o Aqua se combinan compras, ocio y festividades, o a la Galería Jorge Juan y el Mercado de Campanar.El último fin de semana de noviembre, en que el frío ya se ha hecho notar, y coincidiendo con la llegada del tiempo de adviento, me he dejado caer por la Plaza del Celler Valencià, donde PROAVA (Promoción Agroalimentaria de Calidad de la Comunidad Valenciana) ha organizado la Segunda Mostra del Cava Valenciano.
Quien quisiera conocer con amplitud el panorama del cava de Valencia, y tener la oportunidad de probar, en unidad de acto, la mayor parte de los espumosos de esta tierra, tenía que asistir, pues si bien es verdad que concurrían bodegas que ya cuentan con producciones elevadas y cuyas marcas se encuentran con facilidad en los comercios especializados de la ciudad, también lo es que otras de las bodegas presentes sacan al mercado no más allá de unos pocos miles de botellas al año, no siendo sencillo encontrar estos vinos en las tiendas.
Acudieron a la cita 16 bodegas y el público respondió con interés a la convocatoria.
Aparte de probar bastantes de los bruts nature y bruts a disposición de los asistentes, aproveché para interesarme por la marcha del sector, y la impresión que recibí fue positiva, pues las cifras de ventas son crecientes tanto en el mercado local, donde el apoyo al producto de la tierra es significativo, como en los mercados internacionales, donde, y esto es lo más importante, la percepción respecto de la calidad del cava valenciano está creciendo.
Las burbujas sirvieron de heraldo de la Navidad en pleno barrio del Carmen y los que por allí anduvimos nos fuimos más alegres que llegamos, con la grata sensación en nuestros paladares de haber degustado unos vinos trabajados, con carácter y que de manera constante están consiguiendo hacerse un hueco en un mercado complicado, en el que se compite con zonas de larga tradición y bodegas con marcas muy asentadas y reconocidas.Luis trigo sierra
Durante las últimas semanas, venimos asistiendo a un notable encarecimiento de la deuda soberana española, los seguros contra el impago de la misma, así como a la escasez de demanda, y carestía por lo tanto, en las colocaciones de deuda comercial y financiera de entidades procedentes de nuestro país. Se habla sin cesar de lo injusto del tratamiento de “los mercados” o de los “especuladores”, y considero que lo verdaderamente injusto es la deformación del lenguaje para ocultar o negar una realidad tozuda. Primero porque “los mercados” no son más que la suma de miles de decisiones tomadas por personas con responsabilidades concretas de optimizar los ahorros de millones de personas e instituciones. Nadie culparía al gestor del plan de pensiones del que es partícipe, por aumentar las ganancias de los ahorros que le ha confiado para el día de mañana. Y todos le culparíamos por ser “justo” con un país cuya deuda valga, mañana, menos de lo que ha invertido en ella hoy. Por lo tanto, “los mercados” somos todos y cada uno de nosotros, que cuando invertimos lo hacemos para obtener rentabilidades, no para hacer justicia, pues para eso ya hay otros mecanismos.
En cuanto a los “especuladores”, supongo que son los mismos que cuando invierten y no venden reciben el calificativo de “inversores”, con lo que, según confíen o desconfíen, se les adjetiva con o sin carga peyorativa. Parece pueril tal distinción, pues en ambos casos están cumpliendo con su obligación de rentabilizar inversiones o minimizar riesgos o pérdidas potenciales.Dicho lo anterior, habría que ir al origen de los movimientos de capital que traen como consecuencia las turbulencias financieras recientes. Y el origen no es otro que la pérdida de credibilidad de nuestro país, y por ende, de sus gobernantes. Y de ello no se puede culpar a los inversores, que simplemente actúan con coherencia.
Si el déficit es excesivo, y hay posible incumplimiento, habrá que corregir la situación con hechos inmediatos y contundentes, no con palabras ni fotografías. Si la regulación del mercado de trabajo lo convierte en inflexible y caro, el desempleo es una consecuencia, y la causa lo primero. Y si el paro persiste, el consumo decae, y con este, los pedidos a fábrica, y con estos, las inversiones en maquinaria, materias y empleo, etc. etc.
Por todo lo anterior, para devolver la confianza a los inversores, hay que gobernar en línea con lo que los inversores entienden, el crecimiento del PIB, el consumo, la competitividad y la contención del gasto público. Y por supuesto, transparencia y rigor en las cuentas. Justo lo mismo que exige un banco cuando un deudor pasa por apuros para hacer frente a sus deudas.
Así pues, poco o nada habrá que objetar a nuestro principal empresario, Juan Roig, por tener citas previas ineludibles y no poder asistir al encuentro de la Moncloa, pues los que le conocemos, y somos muchos, sabemos que su tiempo lo emplea en mantener y acrecentar la credibilidad de su empresa, y poco en hacerse fotos.
Tengo un buen propósito para el año nuevo, maternalmente hablando: no voy a volver a decir a nadie esa frase tan manida de “tú no lo entiendes porque no tienes hijos”, como si el hecho de no haber engendrado o gestado a un niño les hiciera insensibles a los sentimientos. Entono el mea culpa. Lo he dicho (“tú no lo entiendes…”) tantas veces que me avergüenza recordarlo. Es cierto que la maternidad y la paternidad te dan una nueva manera de estar en el mundo, pero también es verdad que hay personas que no necesitan parir para que esta forma de vivir, empática y generosa, ya formase parte de ellos. Me lo dijo el otro día en una rueda de prensa una periodista, que se acercó para agradecerme que hubiera dicho en voz alta que la maternidad está sobrevalorada en detrimento no sólo de la paternidad –que también–, sino también respecto a quienes no quieren o no pueden tener hijos. Ser padres no nos convierte en buenas personas como si al cortar el cordón umbilical el ginecólogo nos concediese toda la bondad del mundo. Ojalá. Así que, lo dicho: voy a dejar de creer que soy más buena porque ya he parido.
Si hem de jutjar per Pla o Cioran, una joventut de biblioteques i bordells és ou fecund de prosis- ta seductor.
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Argúcies mimètiques de lepidopteròleg extraterritorial: Nabòkov, una gràvida crisàlide en rus, una majestuosa papa- llona en anglès.*****
Ovidi va creure que August era Cèsar i ell, Catul. S’equivocava. Autoengany mitòman que va engendrar ferida i desolada lírica d’exili que reverbera fulgent en alguns dels poemes més esborronadors d’Ausiàs Marc:“Oh mos amics, vullau dolor haver
e pietat del qui, viu, perd lo món!” August no era Cèsar, per sort nostra.*****
El 20% de l’insurgent exèrcit de Franco contra la Segona República foren mer- cenaris marroquins (78.504). Per qua- tre quinzets, s’hi deixaren literalment la pell (11.500 morts, 55.468 ferits). Lluitaren al costat de les tropes afri- canistes espanyoles amb qui, durant dècades, s’havien entredevorat. I ho feren amb una fúria homicida llegen- dària per truculenta. Potser els hereus actius dels vençuts de la guerra d’Es- panya no haurien de negligir que, a més dels nazis alemanys i els feixistes italians del Caudillo, la guàrdia mora de Franco també és crucial memòria histò- rica. Per si de cas, si més no.
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En el monòleg final del protagonista de
Tiempo de silencio (1961) de Martín- Santos, s’hi troba una fórmula màgica per a solucionar el problema de España: “Hay una esperanza. Al otro lado, toda- vía están los moros.” Envernissat contra qualsevol mena d’ironia, Juan Goytisolo en fa una lectura textual, entusiasta, un programa de vida. Don Juan cavalca al Marroc.Hípica espanyola heterodoxa: l’esta- tuari genet Goytisolo o la nostàlgia redemptora de la guàrdia mora de Franco.
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Superhome Savater contra les pàtries dels altres.*****
“Rousseau, aquella taràntula moral”, feia Nietzsche. Discòrdies intestines al paradís infernal del romanticisme histèric.*****
Nietzsche, un Rousseau encara més frenètic passat pel sedàs de Darwin. El Superhome, un Bon Salvatge depre- dador.*****
Schopenhauer, el filòsof preferit de Hitler i, ecumènic, de Borges.*****
“Les dones són un poble enemic, com els alemanys”, guerrejava l’italià Pavese tot plagiant el dictat misogin de l’alemany Schopenhauer.*****
“Amor, amor, decapitats amants!”, l’in- tricada geometria sexual del 69 vista per àvids ulls de jacobí poeta eròtic. La guillotina d’Estellés.
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L’Estellés-pantera tampoc no està gens malament:“No m’esgarres les bragues,
que m’han costat vint duros” La sexualitat salvatge, subterrània, mísera a la “ciutat dels dies humiliats” en dos versos invictes.*****
Estellés o l’anti-Schopenhauer.
*****Als valencians ens presideix un somriu-re titànic, tetànic. El gat de Cheneralitat en terra de meravelles.
*****La protocol·lària Maruja Torres, una Mel Gibson en fuga del Raval.
*****Heidegger, l’extrema esquerra de l’ex- trema dreta –filòsof de cambra i selva de les Seccions d’Assalt (S.A.) del nazisme.
*****La Shoà no va ser un crim contra la Humanitat. Va ser un crim de la Humanitat –perpetradors, col- laboradors, consentidors– contra els jueus –amb els gitanos, de torna.
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“Recorda el passat, i jura pel verd de la primavera que no l’oblidaràs mai” –S. Sassoon.
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Hi haurà un llibre i una dona i jo no hi seré.
Artículo publicado el El Temps el 26 de octubre del 2010
Acaba de publicarse el informe anual del Índice Global de Competitividad para el World Economic Forum, y las conclusiones de su lectura nos deberían hacer reflexionar. En primer lugar, deberíamos analizar por qué hemos pasado, en apenas 7 años, de ocupar el puesto 23 de dicho estudio al 42. Las rigideces de un mercado con diecisiete regulaciones distintas (permisos de apertura, rotulaciones, horarios, impuestos locales, etc.), unos convenios laborales más propios de los sindicatos verticales que de una sociedad que quiere basarse en el conocimiento, un sistema educativo que fomenta la insurgencia en las aulas y el meninfotismo, un sector público que decide y gestiona la mitad de los recursos del país, una administración de justicia politizada, lenta y mal dotada de medios, y la mitad del sistema financiero dependiente de la burocracia interna de los partidos políticos, por no seguir con otras derivadas, no son el mejor caldo de cultivo para la productividad.
En segundo lugar, es importante darse cuenta de lo que supone la integración en la moneda única europea. Por de pronto, la imposibilidad de tomar decisiones de intervenir en la fluctuación de nuestra moneda, como sucedía con la peseta. Históricamente, España devaluaba su moneda como arma de recuperación de competitividad, permitiendo que nuestros bienes y servicios volvieran a ser asequibles e interesantes para los mercados exteriores. Ello permitía mejorar nuestra balanza comercial y mantener nuestro sistema productivo activo, aun cuando el mercado interior estuviera estancado. Hoy en día, esta posibilidad no existe, por lo que si queremos que los turistas sigan trayendo divisas, tenemos que rebajar nominalmente los precios de nuestros bienes y servicios. Y esto incluye, lógicamente, bajar los salarios de todos los empleados en este fundamental sector económico.
En tercer lugar, y consecuencia también de la pérdida de soberanía monetaria, el Banco de España no tiene capacidad de intervenir en los tipos de interés del sistema financiero para regular la inflación, por lo que estamos a expensas de la inflación de la zona Euro y, por tanto, del Banco Central Europeo. Esto tiene consecuencias en nuestra economía, tradicionalmente inflacionista. En anteriores crisis económicas, el ajuste de precios se producía por el impacto de la alta inflación durante 12, 18 ó 24 meses continuados, y la simple contención en términos nominales de los importes asignados a bienes, servicios y salarios. En la actualidad hay que aplicar una medicina más amarga. Hay que concienciar a los asalariados para ver descender sus salarios, a los productores y comercializadores para que reduzcan el precio de lo que fabrican o venden, y así en toda la cadena productiva.
Afortunadamente, la pérdida de soberanía en pos de la Europa Comunitaria, hará que las recetas que no se atreverían a dictar nuestros mandatarios locales, las tomen los de fuera, y por tanto, podamos recuperar, por necesidad, los puestos de ascenso que merecemos como país.
Mito doliente del cine europeo, Pier Paolo Pasolini dejó dicho que «no existe nada más feroz que la televisión», tanto que se ha comido al cine a bocados. Nos lo recuerda estos días una exposición del MACBA dedicada a la tv que no deben de perderse, con vídeos de Viola, Serra, Warhol y unos cuantos más… Pero allí solamente se habla en términos artísticos y comprometidos sobre el poderoso influjo televisivo, olvidando otros aspectos de índole lingüística. Aprovechemos la exposición del MACBA para hablar del audiovisual –para hacerlo de pintura o dibujo mejor no salir del IVAM que estos días propone una soberbia muestra sobre los fondos de la Rothschild Foundation–. Y aprovechemos también el minidebate que a cuenta de la Mostra se han cruzado el teniente de alcalde Alfonso Grau con el actor Pepe Sancho. De la Mostra conviene saber que ha ido más público que ayer para contemplar cine de acción –más Méliès por así decir– que no de cinematografías mediterráneas –más Lumière, pongamos. Es la apuesta de Salomón Castiel, el director de la Mostra –ex de Málaga–. A lo que el actor de Manises ha replicado pidiendo más atención al cine nacional, a los actores y actrices propios. Obvio, Pepe Sancho defiende su trabajo y piensa que es de necios dedicar los recursos públicos a otros de fuera. A Sancho, en cualquier caso, habría que ponerle un teatro clásico valenciano, a él y a Conejero, dos genialidades desaprovechadas como didactas para legar enseñanzas a las futuras generaciones. Todo ello mientras el cine agoniza, con cifras de espectadores cada día más bajas y con la producción propia a menos, incluyendo la valenciana, herida de muerte ante las apreturas presupuestarias de la TVV, lo cual no ha impedido, curiosidades de la vida, que Miguel Perelló y Carlos Pastor, valencianos y directores de cine, especie en peligro de extinción antes de alcanzar su madurez, acaban de firmar dos buenos largometrajes. El cine se nos muere, incapaz de responder más allá de los efectos especiales a la competencia –feroz– de la tv, del fútbol o de Belén Esteban, pero también por internet donde uno puede descargarse de todo, de los históricos a los freakis incluyendo la cuarta temporada de la magistral Mad Men. Y se muere porque el formato estandar de hora y media ya no da para seguir la estela de un personaje contemporáneo, con todos sus matices y complejidades, lejos del maniqueismo de los grandes clásicos. “¿Por qué ya no se hacen buenos westerns?”, le preguntaron en el ocaso de su carrera a Lee Marvin: “porque ya no se encuentran diligencias, ni sillas de montar ni aperos de la época…”, respondió el extraordinario actor-vaquero. Pues lo mismo ocurre con el trazo psicológico de un personaje actual, un personaje post-moderno por más que no haya leído el Ulises. En la Mostra, pues, debaten cosas antiguas, que si el cine europeo o el de aventuras cuando más que nunca los festivales no son más que oportunidades para que la industria se relacione. Si la industria está hecha una cataplasma, ya me dirán. Pero tampoco es cuestión de dejar morir un festival que hace las veces de fiesta pública y servicio cultural para los propios habitantes de la ciudad, que al menos se lo merecen tras pagar sus impuestos. Otra cosa es que el señor Grau tenga descontado que es eso lo que se ofrece, un punto más de lo que programa a diario la Filmoteca, institución esta última que, por cierto, anda de capa caída. Eso y adivinar en el reordenamiento cultural en el que andamos por dónde va a salir el bueno de Rafael Maluenda con su Cinema Jove.
La ciudad, aletargada durante un mes, se pone en marcha para iniciar un nuevo curso. En este septiembre quizá la mochila no venga tan cargada de proyectos y buenos propósitos como otros años pues, esta vez, para muchos pequeños comerciantes, la subida del cierre de sus negocios tras el paréntesis estival se plantea con inquietud, al apreciar que la situación de estancamiento en la que estamos inmersos no ha experimentado cambios significativos de los que quepa esperar mejoras sustanciales. Sienten que se aventuran hacia un horizonte que ni se ve ni se intuye, al que difícilmente pueden dirigirse asumiendo el riesgo inherente de nuevos proyectos, siendo empresa ya bastante ardua sacar adelante lo que se viene manejando.
En momentos de incertidumbre como los presentes, la enseñanza que destila esa hermosa oración en la que mirando al cielo se busca serenidad para aceptar las cosas que no se pueden cambiar, valor y entusiasmo para enfrentarse a las que se pueden controlar, y sabiduría para identificar a unas y otras, se presenta como una sabia proposición que puede ayudar a seguir avanzando ante un escenario con perspectivas tan poco definidas.
Como la serenidad y el valor son rasgos genéticos del empresario, es sobre la sabiduría, y el conocimiento–que es la fuente de la que se nutre aquella, y que tiene un componente más ambiental–, sobre los que se puede incidir para tratar de alcanzar los objetivos perseguidos por tan inspirado rezo.
Con tal propósito, este verano he dedicado algo de tiempo a rastrear datos y opiniones para tratar de alcanzar un mejor entendimiento de la situación económica actual, conocer cuáles son los resortes que pueden activar la recuperación y en qué medida se pueden accionar desde las empresas. Parece que la demanda externa, especialmente la de países emergentes, puede ser el principal resorte para que la tendencia se invierta. De hecho, Alemania (segundo país exportador del mundo) está ya en una senda de crecimiento, habiendo revisado su previsión de incremento del PIB para 2010 del 1,9% al 3%.
Los países como España, en los que la demanda interna tiene un mayor peso que las exportaciones, están en peor situación para iniciar la senda del crecimiento, y deberían centrar los esfuerzos en propiciar un aumento del consumo.
Aquí es donde encuentro que las empresas –grandes, pequeñas y medianas– tienen que jugar todas las bazas a su alcance para incitar a vencer el freno psicológico que el miedo y la incertidumbre han impuesto a muchos consumidores y que, en realidad, no están sufriendo los efectos de la crisis. Conozco muchos comerciantes que no sólo no se han contagiado por el desánimo, sino
que aprovechan cada instante y cada espacio para convertirlos en una oportunidad de venta y que exploran constantemente ideas para estimular el impulso comprador.No es tarea fácil, pero en su buen hacer diario, lo tienen asumido. El pulso de la calle lo miden mejor que nadie, y saben y entienden que el esfuerzo que procede ahora es mayor que el que hayan podido realizar en otros momentos. Y también saben que su único aliado es el cliente. Los consumidores, por nuestra parte, debemos entender que contribuimos en mayor medida a la solución de nuestros problemas dejándonos tentar por el encanto de los escaparates que destinando todo el excedente de nuestra renta disponible al ahorro.
¿Tiempos difíciles para el interiorismo? Todo el mundo tiene cierta […]
Amén. Quien acuñó la frase “Doctores tiene la Iglesia” no era ni padre ni madre. Esta expresión, obviamente, quiere decir que un tema en cuestión se deja a la consideración de los expertos en la materia las cuestiones que son difíciles de explicar. De haberlo sido (padre o madre) hubiera tenido bien claro que para sentar cátedra sobre un asunto paterno/materno/filial no hace falta especialidad ninguna. Más bien todo lo contrario: sólo hace falta tener boca para decir lo primero que a cualquiera se le pasa por la cabeza. Les pongo ejemplos: chupetes, biberones, brazos, cochecitos, sueño, alimentación. Hagan la prueba. Salgan a la calle con un niño/a de más de un año con chupete, o metan en el carro a uno de más de tres. O confiesen que le dan pecho a demanda, o que prefieren el biberón, o que aún duerme en su habitación, con ustedes. El grito se oirá en el cielo, y en sus oídos resonarán frases contundentes que les harán sentir malos padres, malas madres, pésimos educadores. De haber sido padre, o madre, en lugar de esa frase hubiera puesto en circulaciónn otra: “Las opiniones son como los culos: todos tenemos uno”. Amén.
Vuelvo con el ánimo confortado a la cursilería de estos días, que le llaman los pedantes la reentrée. La reentrée, como saben, es volver al currelo, al mal llamado curro. Aunque los expertos en sibaritismo dicen que lo mejor es irse de vacaciones no en verano, sino un mes después, cuando ya no hay turistas y encuentras habitación en el hotel que quieras. Vuelvo al currelo, como les decía, para escribir con nostalgia de una de las últimas fiestas del verano que organizó la empresaria Mónica Duart, directora general del Grupo Dormitienda. Aquí una que la sigue desde que comenzó su andadura profesional sabe que es supermona y va siempre ideal de la muerte (lo que no es incompatible con haber sido galardonada con el premio al Mejor Joven Empresario en el año 2008). Y, además, organiza bonitas fiestas. Qué estupendo y tal, que me la envuelvan que me la llevo.
El leit motiv de la fiesta fue despedir el verano con el jolgorio requerido y con buenos amigos: el director general de Empleo, Felipe Codina; el director general del IMPIVA, Daniel Moragues; el empresario José Luis Ridaura, cuya firma de prevención de riesgos laborales Laboro Securo fue galardonada con el premio a la mejor empresa creada por un joven emprendedor. En una noche de jóvenes empresarios tampoco faltó la vicepresidenta de la Asociación de Jóvenes Empresarios, Andrea Villafañe. Pero tengo más nombres de asistentes en la mochila que paso a ofrecerles: sus hermanos Mª José y Quique Duart, Álvaro Mocholí, Ricardo Bayona, Antonio Ballester y Amparo de Juan, el farmacéutico Eduardo Jiménez, Carla Peiró… Vamos, que se montó la de dios es trino y uno en su casa veraniega de la adorable Altea. Una localidad que no tiene los biquinis y los patines de Malibú sino callejuelas con portales arqueados. Tampoco tiene los multimillonarios excéntricos y las duquesas rusas exiliadas de Marbella, pero no falta la beautiful people internacional que viene a adelgazar en el fabuloso hotel balneario Sha Wellness.
Precisamente en este lujoso centro, la primera clínica de Europa centrada en la medicina macrobiótica, también se celebró otra festorro para decir bye, bye, al verano. Y aquí es importante señalar que me encanta la descentralización de las fiestas. Altea, Jávea, Náquera… no va a ser todo Umbracle y Veles e Vents. También me gusta que en El Cairo se robe un Van Gogh y no un ushabti de Tutankamon. Pero vuelvo con la fiesta en el Sha Wellness, la “Unforgettable Party”. Con más de 500 asistentes vestidos de blanco y negro, entre los que se encontraban Pepe Sancho junto a su mujer, la escritora Reyes Monforte, la bella Nuria March, la periodista Mª Eugenia Yagüe, el diseñador Jorge Terra, el actor holandés Lars Oosteveen, el guitarrista Ximo Tébar y el modelo Olfo Bosé. El evento también contó con la presencia de cónsules europeos y grandes empresarios suizos, belgas, holandeses y también españoles, además del alcalde de Alfàs del Pí, Vicente Arqués, junto con otros alcaldes vecinos como Bernabé Cano, de la Nucia, y Honorato Algado Martinez, de Finestrat. Durante la fiesta se celebró un desfile de moda y joyería junto a la piscina, con vistas panorámicas y camas balinesas (modelo Gandía Blasco). La cena-cóctel macrobióticamente sabrosa fue servida por el chef del Sha Wellness, Pablo Montoro, procedente de El Bulli. Y el broche final fue la actuación de la cantante neoyorquina Michelle McCain. Resumiendo: velada mimada por la brisa, con presencia de gente cosmopolita y educada (o sea, que habla bajito).
Septiembre me da pereza. La reentré se me hace dura. Los madrugones, llevar los niños al colegio, ese indeseado reencuentro con el jefe, la vecina del quinto que en siete años aún no ha aprendido a saludar, volver a pelear por una plaza de aparcamiento… no me queda humor ni ganas para cocinar.
Por eso en estos días me refugio en las latas. Tienen una fama horrorosa, pero es injusto; si sabemos escoger, encontraremos productos de grandísimo nivel. Importante que el producto sea nacional. Una almeja de Chile se parece a una gallega lo que un huevo a una castaña.
Los pescados azules como la ventresca, el bonito o las sardinas mejoran con el tiempo. Nunca deberíamos comer una ventresca con menos de seis meses de envasado. El tiempo le da una curación importante que les sienta tan bien a los pescados grasos como los meses de bodega al jamón. En Francia hay restaurantes que sirven latas de sardinas por añadas, y las más caras son la que tienen nueve o diez años de edad.
Les propongo un juego. Compren un buen puñado de latas de sardina, las guardan en la bodega e iremos abriendo una lata cada seis meses, veremos como va evolucionando su sabor. Ojo, debemos tener la precaución de ir volteando la lata cada dos o tres meses para que el aceite recubra todo el producto. Afinador de latas, ¿una profesión con futuro?Aunque afortunadamente a mí ya me queda lejos, sigo leyendo con interés las noticias que aparecen sobre el cólico del lactante: el bebé llora y grita durante al menos tres horas, tres días a la semana y más de tres meses. Como no se sabe la causa, tampoco se conoce la cura y las teorías al respecto son variopintas. La idea general es que cualquier remedio que no entronque con la lógica y con la integridad física, es válido porque si los padres están tranquilos, transmitirán esa tranquilidad al bebé y el cólico se atenuará o, por lo menos, se hará más llevadero. Vamos, que se vincula al estado de los padres, sobre todo, al de la madre. Pero la igualdad también ha llegado a este asunto. Menos mal. Un estudio holandés afirma que el padre con síntomas de depresión también puede tener algo que ver. El 4,1% de los padres deprimidos tuvieron niños que pasaron por el trance del cólico infantil. Total, que la culpa es nuestra, pobres de nosotros. Pero al menos ahora, es compartida.

