La existencia del ser humano está marcada por la música. El filósofo alemán Federico Nietzsche lo dejó bien claro: Sin música la vida sería un error. Esta colosal certeza provoca el viaje sentimental de un columnista solitario en una aldea perdida. De The Beatles a Bach, de Jimmy Hendrix a Shostakovich.
En los cuadros de Eduardo Arroyo abundan los tipos con sombrero. Ese complemento tan elegante ha desaparecido casi por completo de las testas del hombre moderno.
Hay espíritus ‑como San Juan de la Cruz- capaces de salir de las murallas del lenguaje a la intemperie cultural y regresar fortalecidos de experiencia tan extrema. No es eventualidad que esté al alcance de cualquiera. Eso pronto lo entendió Hofmannsthal en su Carta.
A menudo releo mis comentarios en Facebook bajo la mortificante sensación de que soy más ameno y certero con esos apuntes espontáneos y breves.
La violencia que vive estos días Haití, la antigua La Española, con bandas de pandilleros armados sembrando el caos, revive el recuerdo de un viaje realizado en los años 1980. El Caribe, con su fama de paraíso, tiene otra cara siniestra. Esta que sigue es la crónica de una temporada en el infierno.
En los felices e ingenuos años 70 acudir al Parque al atardecer se convirtió en un ritual para todo el que se sentía moderno y al loro. Bajo la severa mirada del Rey Jaime se gestó la parte más cool de una generación que iba a cambiar el país.
Luces de la ciudad (Charles Chaplin, 1931), Sopa de ganso (Leo McCarey, 1933), Tiempos modernos (Charles Chaplin, 1936) ocupan los tres primeros puestos.
Dentro de la encomiable tarea que realiza la colección Veintiúnversos, dirigida por Víctor Segrelles y Juan Pablo Zapater, se ha publicado El silencio y el canto de Antonio Cabrera.
Un grupo de intelectuales cruza el Estrecho con destino Tánger, la ciudad libertina y literaria por excelencia del norte de Marruecos.
Víctor Orenga, escritor, maestro y fotógrafo, fallecido en 2005 a los 62 años, publicó el siglo pasado a toda una generación valenciana de escritores y escritoras en ciernes.
Ahora puedo presumir de no haber sido nunca maoísta. ¿Una ridícula satisfacción? No tan ridícula. Vengarse en gran estilo, sin violencias, es muy agradable.
Los astros tienen un atractivo anexo: no pocas de las historias están localizadas en Valencia, de manera topográficamente precisa.
Los nuevos libreros indies han ocupado los barrios con más solera de la ciudad, como el Cabanyal o el Carme, para disfrute de los espíritus inquietos, y fetichistas del libro de lance. Son librerías de autor y con sorpresa.
Resulta llamativo e inquietante que desde la Ilustración hasta nuestros días, la literatura más relevante e intensa sea, ante todo, la de poetas y escritores reaccionarios.
Un periodista que informa sobre esto y sobre aquello, que cita siempre las fuentes, que intenta ser exacto en sus comentarios, que desea colaborar en el éxito editorial de libros y revistas y que, pese a la buena voluntad de mis propósitos, podría ser multado por ello. No es justo.
Julián, el que se creía perdido en la tarde triste de enero, volvió a mirarse por segunda vez en el espejo, pero esta vez en el de su vida. Se atildó y perfumó, y con su chupa negra de abuelo roquero salió a la calle a disfrutar del mundo.

